En
mi pueblo es posible contemplar grupos de árboles muertos, que parecen mudos testigos
de la incapacidad de los gestores públicos actuales y de los anteriores; así
mismo, podemos ver en la playa de “La Cachucha” como crecen palmeras, con la
orgullosa anarquía de la naturaleza, entre los bloques de piedra de la escollera. Se adivina, el germen de un bosque de dichas palmeras.
Siempre
he pensado, con la maldad que Thomas Mann atribuye en su obra La Montaña Mágica a los ancianos, que
ambos casos eran ejemplos de la indolencia de nuestros administradores
públicos. Sin embargo, es posible que esté en un error pues las palmeras de “La
Cachucha”, con su crecimiento imparable y acelerado, habrán creado a corto plazo
un hermoso palmeral con sus raíces de piedra; en el caso de los árboles muertos
en los extremos del soterramiento ferroviario, sus troncos, que nadie retirará
jamás, en unos cuantos miles de años podrán ser contemplados por seres
intergalácticos como verdaderos árboles petrificados. De éstos, yo he podido
ver algunos ejemplares hace muchos años en el pueblecito burgalés de Hacinas y,
su contemplación, es un verdadero gozo.
Por
lo tanto más que de ejemplos de desidia, deberíamos hablar de claros exponentes
de planificación turística a medio y muy
largo plazo. No me queda más remedio que felicitar a los creadores de tanta
belleza pues, indudablemente, el turismo en mi real villa crecerá asombrosamente.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)