De
este modo, califica el ilustre periodista gaditano Julio Moro al vapor “Manuel
Arnús” en su artículo del Diario fechado
el 13 de octubre de 1926. La llegada del buque a Cádiz ha coincidido con el Día de la Raza, procede de Nueva York y se
ha dedicado a promocionar el turismo entre España y las naciones americanas.
Nuestro
periodista al pisar la cubierta del vapor, convertido en palacio por la naviera,
siente orgullo, que se incrementa, cuando recorre el buque y escucha con agrado
los elogios de los pasajeros hacia el personal del mismo.
Merece
la pena reproducir un párrafo del libro, excelente en mi opinión, de José María
Molina Martínez titulado: Los barcos del
Sur, que hace referencia a nuestro vapor: Los grandes salones estaban decorados al estilo del renacimiento
español y en el gran hall de entrada destacaba una monumental chimenea de piedra labrada y una escalera
doble de hierro forjado que conducía a la zona de los camarotes…
Este
buque cuando se entregó al armador el 28 de abril de 1923 también era el
orgullo del astillero puertorrealeño de Matagorda; pero con los buques, sucede
como con las personas: cuando, con toda ilusión, son lanzados al mar nunca se
sabe cuál será su destino. En este caso, sufrió el abandono de gran parte de su
tripulación en La Habana, el exilio en Méjico y la posterior venta a los
Estados Unidos para, finalmente, acabar sus días sirviendo de buque blanco para
la aviación norteamericana. Un triste destino para un barco que había sido
creado con el noble propósito de unir pueblos mediante el turismo.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)