Hace unos días pude
leer la excelente columna de Enrique Montiel titulada: Pregúnteme. Se sorprende, mi admirado Enrique, de que cuando se
habla de Cataluña y de España pareciera que se trata de dos realidades
diferentes. Yo no me sorprendo de nada que venga de los separatistas y, en mi
opinión, el primer éxito del separatismo es que no se les nombre de esa manera.
Decir separatismo significa que dejamos algo de lo que hemos formado parte; en
este caso, durante siglos. Los separatistas no admiten que son parte de España
sino que, por el contrario, Cataluña y el País Vasco han sido siempre tierras
ocupadas y violentadas por los españoles. Que les llamen separatistas les
molesta y prefieren se les denomine nacionalistas, soberanistas o, mejor aún,
“indepes” que parece algo guay, moderno e inofensivo.
Cada
vez que un español que ame su patria les llama de cualquier forma que no sea
separatistas, está contribuyendo, sin saberlo, al éxito de sus postulados. De
la misma forma, cada vez que una medida del gobierno español, sea del color que
sea, les molesta, es indudable que dicha medida es acertada.
No hace mucho tiempo un separatista renombrado, no le voy a
hacer propaganda, de aspecto beatífico, ha declarado su amor a España. Ya he
dicho que no me sorprende nada en relación a los separatistas y sus
colaboradores (numerosos dentro y fuera de España), pero cuando escucho esa declaración de amor, siempre
pienso en el criminal que justifica haber matado a su mujer porque la quería
mucho.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)