viernes, 8 de marzo de 2019

134 Separatismo y lenguaje


Hace unos días pude leer la excelente columna de Enrique Montiel titulada: Pregúnteme. Se sorprende, mi admirado Enrique, de que cuando se habla de Cataluña y de España pareciera que se trata de dos realidades diferentes. Yo no me sorprendo de nada que venga de los separatistas y, en mi opinión, el primer éxito del separatismo es que no se les nombre de esa manera. Decir separatismo significa que dejamos algo de lo que hemos formado parte; en este caso, durante siglos. Los separatistas no admiten que son parte de España sino que, por el contrario, Cataluña y el País Vasco han sido siempre tierras ocupadas y violentadas por los españoles. Que les llamen separatistas les molesta y prefieren se les denomine nacionalistas, soberanistas o, mejor aún, “indepes” que parece algo guay, moderno e inofensivo.
Cada vez que un español que ame su patria les llama de cualquier forma que no sea separatistas, está contribuyendo, sin saberlo, al éxito de sus postulados. De la misma forma, cada vez que una medida del gobierno español, sea del color que sea, les molesta, es indudable que dicha medida es acertada.
         No hace mucho tiempo un separatista renombrado, no le voy a hacer propaganda, de aspecto beatífico, ha declarado su amor a España. Ya he dicho que no me sorprende nada en relación a los separatistas y sus colaboradores (numerosos dentro y fuera de España), pero cuando  escucho esa declaración de amor, siempre pienso en el criminal que justifica haber matado a su mujer porque la quería mucho.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)