sábado, 16 de marzo de 2019

136 El funcionario Azaña


Los estrategas de la izquierda española al resaltar la figura de Azaña pretenden debilitar la monarquía parlamentaria; fin último, de su estrategia. En mi opinión, la figura de Azaña es compleja y contradictoria y, para conocerle, conviene leer sus diarios y sus discursos. De su faceta como funcionario, se pueden sacar conclusiones que nos ayuden a valorar  a la persona y al político.
Manuel Azaña accede a la función pública, en  junio de 1910 al cuerpo de  letrados de la Dirección General de los Registros y del Notariado. En 1911 el funcionario recién llegado, pide ser becado en París y se le concede por seis meses;  finalizada su estancia, solicita una prórroga y la obtiene durante cuatro meses más.  La experiencia debió de ser placentera porque en 1914 solicitó una pensión en el Reino Unido que le fue denegada. En pocos años, Azaña se ganó fama de poco cumplidor en su empleo (a modo de ejemplo, sabemos que dedicaba a estudiar alemán durante su jornada laboral). Ahondando en la cuestión, estando de baja por dispepsia neuropática (alteración de la función digestiva de origen nervioso) para cuyo tratamiento es indispensable el reposo intelectual absoluto, viaja por  España con Cipriano Rivas. Igualmente, cuando en 1919 se rechaza  su solicitud de pensión en París, se las arregla para viajar a dicha ciudad, de nuevo con Cipriano Rivas, estando de baja en la oficina por neurastenia cerebral con sobrexcitación nerviosa para lo que se requiere reposo intelectual absoluto y una transitoria variación de las actividades habituales del paciente. No consta el reposo intelectual de Azaña, cuya falta de compromiso con la función pública resulta llamativa tratándose de una persona que, en su diario de 1911, ya consideraba imprescindible la reconstrucción moral de España. Por lo demás, Azaña tenía la fea costumbre de denigrar  a su país mientras disfrutaba de su licencia. Así, recién llegado a París, escribe en su diario: Juanito… va a destruir el encanto de no acordarme de nada. ¿No es bueno romper aunque sea temporalmente con “aquello”? (Se refiere a España). No parece que el futuro presidente de la II República agradeciera el esfuerzo de su país al pensionarle en Francia.

                                                             
                                                     Roque Gómez Jaén (Puerto Real)