domingo, 8 de marzo de 2020

185 Las goteras de España

         Los primeros siete años de mi vida los pasé en una “casa de vecinos” de mi pueblo, donde aprendí a vivir y a convivir. Con aproximadamente seis años, probablemente en primavera, mis vecinos se alarmaron por la llegada de un vendaval que, en efecto, tuvo lugar. Pasado el miedo, la consecuencia más visible era la presencia de goteras en algunas viviendas.
Yo aprendí que la radio (pocos de mis convecinos la tenían), además de para oír música árabe sin parar, servía para informar de peligros; aprendí, así mismo, el significado de palabras como huracán o vendaval y; lo más importante; que los vecinos, en caso de necesidad, se ayudaban. Por eso, los niños de casas con goteras fueron repartidos entre las familias que no las sufrían.  La solidaridad entre los pobres la consideré como algo normal y, por supuesto, nadie necesitó utilizar esa palabra para practicarla. Las goteras, pasado el vendaval, se eliminaron fácilmente.
Transcurridos más de sesenta años España, nuestra “casa de vecinos”, presenta goteras que, como todos sabemos, pueden acabar con el edificio más sólido; para ello, basta con que el encargado de remediarlas sea desleal con el dueño del edificio.
Es verdad que las goteras se cronifican y perturban la vida de las personas que las sufren; sin embargo, el agua que destruye, en adecuadas condiciones y con paciencia, acaba generando hermosas y sólidas columnas como las que podemos contemplar en lugares como Nerja o Aracena.

                                  Roque Gómez Jaén (Puerto Real)