martes, 31 de marzo de 2020

188 Cárceles, censura y virus

           Hace unos días oí, en la televisión pública, que en las bibliotecas de las cárceles brasileñas se censuraban libros como “Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez. El motivo esgrimido por las autoridades consistía en que los contenidos de dichos libros eran inadecuados.
         Pocos días después más de 1.300 presos se fugaban de algunas cárceles del país ya citado. Ingenuamente, llegué a pensar que las dos noticias estaban ligadas. Pero no era así, la fuga masiva se generó porque por mor del dichoso virus que atenaza a la humanidad, las autoridades penitenciarias han restringido las visitas de familiares a los presos y las salidas de éstos al exterior.
         El virus que tanto sufrimiento está provocando a los seres humanos tarde o temprano acabará siendo vencido; sin embargo, es mucho más difícil que la censura, siempre presente en nuestras vidas, desaparezca de la faz de la tierra.

                                                  Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

187 Dolor y honor

Hace casi cincuenta años, cumpliendo una etapa de mi servicio militar en la Escuela de Suboficiales de la Armada de San Fernando, me tocó una guardia nocturna de dos horas en un puesto situado entre el Panteón de Marinos Ilustres y el hospital naval de San Fernando. El calor estival exigía que las ventanas del hospital citado permanecieran abiertas y, en consecuencia, escuché con nitidez los ayes y lamentos de los enfermos hasta que, concluida mi guardia, fui relevado. Me impresionó mucho la experiencia porque cuando uno es joven el dolor se contempla como algo pasajero; más adelante, se concibe, en sus diversas formas, como algo que acompaña al hombre durante toda su vida.
También pensé aquella noche que los enterrados en el Panteón ya mencionado, habían llevado una vida honorable, en no pocas ocasiones ligadas a situaciones de sufrimiento, cumpliendo con su deber en defensa de los intereses nacionales.
En esa primera guardia nocturna, tomé consciencia de las responsabilidades que el centinela asumía en la custodia de su puesto: debía mantenerme alerta, atender a los requerimientos de la patrulla que recorría los distintos puntos y, finalmente, regresar al cuerpo de guardia. Me preocupaba no recordar el santo y seña, y la contraseña, del día a que me refiero que aún hoy, en tiempos de deshonor, tengo grabados en mi mente: Ramón, Roma, rebenque.

                                               Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

jueves, 19 de marzo de 2020

186 Un gorrión naranja

          El buen tiempo y la proximidad de la primavera, permite a uno dedicarse a observar cosas curiosas como la que narro a continuación: Desde hace algún tiempo contemplo como actúa un grupo de gorriones cuando se les alimenta con pan. Si el alimento es abundante no hay conflicto e incluso se permite que, los más pequeños y osados, perturben a los mayores y les disputen el alimento; cuando hay escasez, se impone la ley del más fuerte y así se garantiza el progreso de la especie. También he observado en el comportamiento de los gorriones que practican la ley del mínimo esfuerzo: si hay mucho pan sólo comen la miga; sin embargo, cuando escasea el nutriente también aprecian la corteza; si se sienten amenazados (por pequeña que sea la amenaza) vuelan pero se quedan en las proximidades (nunca abandonan su territorio) y la bandada entera (nadie se esconde)  guarda expectante que el peligro haya pasado.
Me ha llamado la atención que, en época de abundancia, los gorriones coexisten sin problema con los mirlos pero dicho comportamiento, cambia si hay que disputarse el alimento.
En mis observaciones he visto que hay un gorrión de pecho naranja, probablemente hembra por su menor tamaño, que es la estrella del conjunto: es ágil y esbelta y, por lo general, genera entusiasmo en los demás. Diríamos que es valiente (ha vivido años en territorio hostil), y carismática (es capaz de competir con los machos). Si el color naranja se obtiene de una mezcla de rojo y amarillo, podríamos deducir que uno de los padres de la hembra sería del primer color y el otro del segundo. También podría tratarse de una mutación genética, pero lo importante, en definitiva, es que el éxito con una hembra de estas características está garantizado.

                                         Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

domingo, 8 de marzo de 2020

185 Las goteras de España

         Los primeros siete años de mi vida los pasé en una “casa de vecinos” de mi pueblo, donde aprendí a vivir y a convivir. Con aproximadamente seis años, probablemente en primavera, mis vecinos se alarmaron por la llegada de un vendaval que, en efecto, tuvo lugar. Pasado el miedo, la consecuencia más visible era la presencia de goteras en algunas viviendas.
Yo aprendí que la radio (pocos de mis convecinos la tenían), además de para oír música árabe sin parar, servía para informar de peligros; aprendí, así mismo, el significado de palabras como huracán o vendaval y; lo más importante; que los vecinos, en caso de necesidad, se ayudaban. Por eso, los niños de casas con goteras fueron repartidos entre las familias que no las sufrían.  La solidaridad entre los pobres la consideré como algo normal y, por supuesto, nadie necesitó utilizar esa palabra para practicarla. Las goteras, pasado el vendaval, se eliminaron fácilmente.
Transcurridos más de sesenta años España, nuestra “casa de vecinos”, presenta goteras que, como todos sabemos, pueden acabar con el edificio más sólido; para ello, basta con que el encargado de remediarlas sea desleal con el dueño del edificio.
Es verdad que las goteras se cronifican y perturban la vida de las personas que las sufren; sin embargo, el agua que destruye, en adecuadas condiciones y con paciencia, acaba generando hermosas y sólidas columnas como las que podemos contemplar en lugares como Nerja o Aracena.

                                  Roque Gómez Jaén (Puerto Real)


domingo, 1 de marzo de 2020

184 Ideología y servicios sociales

En un reciente viaje a Madrid, conocí la noticia de que la tarjeta de transporte mensual para los mayores de 65 años se había reducido un  25% con respecto al año pasado, y así sucederá en los tres próximos. De modo que dichos pensionistas en el año 2023 disfrutarán de transporte gratuito.
La izquierda española lleva años alardeando de que mejoran los servicios sociales con su gestión. Me parece que en el caso del transporte no es así. Me centraré en lo relacionado con los mayores de 65 años y trataré de aclararlo mediante el siguiente ejemplo: Un pensionista madrileño con su tarjeta mensual puede viajar, sin límite de kilometraje, utilizando: autobuses urbanos e interurbanos; metro; tren ligero y cercanías. Si en un mes hace 6000 km le habrá costado 9,30 €. Un pensionista gaditano en idénticas condiciones tendría que pagar 350; además, los enlaces se cobran aparte.
 Ante esta diferencia abismal que se agrandará hasta el infinito en el 2023, podemos hacernos la siguiente reflexión: una comunidad autónoma de derechas se permite que sus mayores viajen muy barato y una de izquierdas, como hasta hace poco la andaluza, es incapaz de acercarse a la madrileña en esta cuestión. Peor aún, me temo que con la administración de derechas en Andalucía la situación no va a cambiar porque, en definitiva, no se trata de ideologías sino de economía. Creo que para poder repartir primero hay que generar riqueza; algo que, los políticos andaluces, no saben o no quieren transmitir a sus paisanos. Tampoco parece que hayan entendido que facilitar el movimiento de los mayores es un factor económico que incentiva el gasto.
El lema elegido por la comunidad de Madrid: ¡Muévete x 9,30 € y en 2023, gratis!, me parece muy oportuno.
Escribiendo esta carta, me ha venido a la memoria el lema de Bill Clinton en la campaña de 1992 en la que venció a George Bush (padre). Era el siguiente: ¡Es la economía, estúpido!

                                              Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

183 La mísera condición del maestro

Si se lee el libro de Luis Bello en el que se narra sus viajes por la escuelas andaluza (1926-29), impresiona el relato de la situación de muchos maestros. Frecuentemente, los municipios no les pagaban sus salarios y, algunos de ellos, se vieron obligados a implorar la caridad pública. El caso extremo referido por Luis Bello es el de D. Rafael Sánchez (el autor con buen gusto le mantiene el tratamiento), “aquel buen maestro de Vélez que se murió de hambre en una estera porque le debían veinte años y no quiso implorar la caridad pública”.
         Tan arraigada estaba en España la idea de los padecimientos de los maestros que cincuenta años más tarde (1980), un diputado con voz de pito, de cuyo nombre no quiero acordarme, pronunció debatiendo sobre las incompatibilidades (las negaba para él y las defendía para los funcionarios más humildes) la frase que da título a esta carta.
         En tres generaciones, los españoles hemos conseguido un cambio espectacular en nuestro sistema educativo. Nuestros maestros, funcionarios o no, cobran puntualmente sus salarios y sus derechos son reconocidos; a cambio, se les pide que cumplan con su deber pero no se les exige que transformen su función en misión.
Me gustaría saber si  algún colegio público de Andalucía se denomina Rafael Sánchez, en honor del maestro que murió de hambre en una estera pero nunca perdió su dignidad. Me da la impresión que la memoria histórica no da para tanto.

                                 Roque Gómez Jaén (Puerto Real)