La semana pasada, el Diario
nos informaba del incendio en un ferri de la línea Algeciras-Ceuta.
Afortunadamente, la tripulación lanzó CO2
a las llamas y sofocó el fuego.
La noticia me ha hecho recordar que el 5 de marzo de 1972,
embarqué como alumno de máquinas en el B/T de CEPSA “Astorga”. Era mi primera
singladura y mi primer viaje.
Ese día aprendí mucho: horarios de comidas extraños para mí,
lo mayores que eran mis jefes, que mi ropa de trabajo no era la adecuada y la improcedencia
de usar zapatos con suela de goma en la sala de máquinas. Mi aprendizaje
continuó cuando bajé a dicha sala para iniciar la navegación. En la puerta
estanca de acceso a las instalaciones, había un cartel que decía: “Cuando suene
la alarma, abandone rápidamente el local. El gas carbónico va a ser inyectado”.
No me extrañó porque yo tenía conocimiento y experiencia en la extinción de
incendios.
Ya en el control de máquinas, todos se afanaban en preparar
la salida a la mar y el ruido aumentaba con la puesta en marcha de motores
auxiliares y compresores. Aún estábamos en esos afanes cuando sonó una sirena
que empequeñecía todo el ruido ambiental. Yo asocié la sirena con el cartel que
ya he mencionado y me disponía a salir corriendo de la sala de máquinas. No lo
hice porque todo el mundo seguía en sus puestos tranquilamente. Comprendí que
la alarma no tenía relación con el gas carbónico; se trataba del telégrafo de
órdenes que, para potenciarlo, se había conectado a una descomunal sirena.
La vergüenza y sentido del ridículo me impidieron moverme lo
que evitó que me convirtiera en el hazmerreír de la tripulación. En definitiva,
muchas lecciones para ser mi primer día
de navegación.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)