martes, 28 de mayo de 2019

146 La inyección de gas carbónico



         La semana pasada, el Diario nos informaba del incendio en un ferri de la línea Algeciras-Ceuta. Afortunadamente, la tripulación lanzó CO2 a las llamas y sofocó el fuego.
         La noticia me ha hecho recordar que el 5 de marzo de 1972, embarqué como alumno de máquinas en el B/T de CEPSA “Astorga”. Era mi primera singladura y mi primer viaje.
         Ese día aprendí mucho: horarios de comidas extraños para mí, lo mayores que eran mis jefes, que mi ropa de trabajo no era la adecuada y la improcedencia de usar zapatos con suela de goma en la sala de máquinas. Mi aprendizaje continuó cuando bajé a dicha sala para iniciar la navegación. En la puerta estanca de acceso a las instalaciones, había un cartel que decía: “Cuando suene la alarma, abandone rápidamente el local. El gas carbónico va a ser inyectado”. No me extrañó porque yo tenía conocimiento y experiencia en la extinción de incendios.
         Ya en el control de máquinas, todos se afanaban en preparar la salida a la mar y el ruido aumentaba con la puesta en marcha de motores auxiliares y compresores. Aún estábamos en esos afanes cuando sonó una sirena que empequeñecía todo el ruido ambiental. Yo asocié la sirena con el cartel que ya he mencionado y me disponía a salir corriendo de la sala de máquinas. No lo hice porque todo el mundo seguía en sus puestos tranquilamente. Comprendí que la alarma no tenía relación con el gas carbónico; se trataba del telégrafo de órdenes que, para potenciarlo, se había conectado a una descomunal sirena.
         La vergüenza y sentido del ridículo me impidieron moverme lo que evitó que me convirtiera en el hazmerreír de la tripulación. En definitiva, muchas lecciones para ser mi  primer día de navegación.

                                            Roque Gómez Jaén (Puerto Real)