miércoles, 15 de mayo de 2019

143 El gran dilema de 1596



         Tras el asalto a Cádiz de una armada anglo-holandesa en 1596 y, abandonada la ciudad por enemigo, el ingeniero militar Cristóbal de Rojas informó a Felipe II de los daños sufridos: pocos en murallas y fortificaciones y las mejores casas incendiadas. Se incluían, la casa de munición y la Iglesia Mayor. Así mismo, se lamenta al rey porque la parte de la muralla por la que entró el enemigo estaba fortificada al revés y los terraplenes favorecieron su acceso y dificultaron la defensa. El ingeniero tenía proyectada, como defensa temporal, una trinchera para protección de los soldados para lo que solicitó 800 gastadores.
         El capitán general Pedro de Velasco, en agosto de 1596, elevó un informe al Rey con las medidas defensivas precisas para mejorar la situación de Cádiz y su bahía.
La situación era delicada y, en el seno del Consejo de Guerra, se debatió si era mejor fortificar la ciudad o desmantelarla.  De aceptarse la segunda propuesta, los pobladores de Cádiz pasarían a El Puerto de Santa María donde se reconstruiría la ciudad.
En el citado Consejo se concluyó que Cádiz necesitaba una buena fortificación y artillería eficaz y, contra la idea de desmantelar la ciudad, se levantó la voz de Antonio Osorio que acompañó a Cristóbal de Rojas en la visita citada. Alegaba que, desmantelada la ciudad, las armadas enemigas podrían bloquear a la armada real refugiada en la bahía y, la reputación del Rey, sufriría por dicho abandono.
La resolución de Felipe II contemplaba la adecuada fortificación de Cádiz y la defensa integral de la bahía, considerándose esenciales los fuertes de El Puntal (Puntales) y  Matagorda. Comenzaba un proceso que duraría siglos y que aún colea.
Si se hubiera abandonado Cádiz, los niños gaditanos actuales tendrían, probablemente,  el inglés como lengua materna y no podríamos gozar de obras como: “Las defensas de Cádiz en la Edad Moderna”, cuyo autor  Víctor Fernández Cano, fallecido en plena juventud, dedicó a: “Cádiz mi patria”.

                                                    Roque Gómez Jaén (Puerto Real)