lunes, 27 de mayo de 2019

145 El reloj del Ayuntamiento



Muy temprano, en la última  jornada electoral, he podido contemplar como el reloj del ayuntamiento de mi pueblo permanece anclado en las 11 horas. Al parecer, el asunto no es nuevo.
Esta cuestión ha traído a mi memoria que, en mi adolescencia, el profesor de filosofía del Columela gaditano, trataba de iniciarnos en los temas elementales de dicha materia sin mucho éxito, lamentablemente, en mi caso. No obstante, en mi trayectoria académica, he tenido contacto con cuestiones filosóficas en muchas ocasiones. En una de ellas escuché, en frase atribuida a Kant, que el tiempo no existe. La verdad es que no acabé de entender la idea aunque ahora, creo que estoy en condiciones de intuirla al menos.
            El hecho de que el reloj a que me refiero no se arregle, no es por desidia ni porque una conjura judeo-masónica se haya desatado contra los relojes de nuestra bahía (recordemos lo acontecido con el reloj del ayuntamiento de Cádiz); es muy probable, que los ilustres concejales de mi pueblo, plenos de saber neokantiano, hayan pensado: Si el tiempo no existe, ¿para qué molestarnos en medirlo?
            Sin embargo, no siempre ha sido así: hace más de cuarenta años los concejales de Puerto Real que, probablemente no habrían leído a Kant, ante idéntico problema, actuaron con rapidez y contrataron a una persona como relojero para sustituir al anterior. Así, los ciudadanos pudieron seguir  viendo las horas y escuchar las campanadas de nuestro reloj.
            Nuestra hermosa bahía, siempre tan paradójica, en muy pocos kilómetros nos permite contemplar el reloj atómico del Real Instituto y Observatorio de la Armada de San Fernando, que suministra la hora oficial de España, y un reloj inservible en la plaza de Jesús de Puerto Real.


                                          Roque Gómez Jaén (Puerto Real)