El libro de Luis
Bello “Viaje por las escuelas de Andalucía” se compone de una serie de
artículos publicados en “El Sol” entre los años 1926-29. Al margen de su valor
literario, es una fuente magnífica para conocer la situación de las escuelas
andaluzas en la tercera década del siglo XX, en la que nacieron mis padres y
los abuelos de los que ahora transitan entre los treinta y los cuarenta años.
En los tiempos convulsos que nos toca vivir, volver los ojos atrás es bueno
para serenar el ánimo, comprender que España es un gran país y que nuestros
ascendientes superaron la España del hambre que, avergonzados, llamaban “crisis
de subsistencias”, el analfabetismo (en algunos pueblos de Jaén alcanzaba el
88,9% de la población), guerras coloniales, la dictadura de Primo de Rivera, la
guerra civil, las secuelas de la segunda guerra mundial y cuarenta años de
dictadura.
El excelente
libro de Bello, ofrece información de primera mano sobre muchas cuestiones: me
voy a centrar en el lenguaje. Nos narra el periodista que mientras se desplaza
a caballo con su espolique (palabra que yo desconocía, que define a la persona
que camina a pie acompañando a otra que
cabalga), persona despejada que no sabe leer y que, en diálogo largo, en lugar
de decir “sí” siempre dice “¡ea! Acertadamente Bello lo considera como una
forma suave de afirmación y de conformidad. También llama la atención del
periodista el uso de la exclamación “¡Qué lástima!” como respuesta polivalente.
Bello, a pregunta de su espolique, responde que viene de Madrid y aquel le
responde con la interjección citada. Según nuestro periodista, es una fórmula
dulce y mansa de pueblo sometido.
En el entorno
que se mueve el periodista, la instrucción de una población sometida a la
dictadura del hambre y del “hombre” pasa a un segundo plano. Más aún, ofrecer
escolarización a un niño mal nutrido es un verdadero sarcasmo; “primero vivir,
después filosofar” decían los antiguos romanos. Estoy seguro que los pueblos de
Jaén y de toda Andalucía reflejan, aún en la situación actual, una realidad muy
distinta que los profesionales del desastre obvian. Prefieren centrarse en su
“memoria histórica” que tantos beneficios les proporciona.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)