Teresa
Rodríguez apoya que las esculturas de Colón sean desmontadas (incluso el
monumento levantado en honor del navegante en Barcelona). Probablemente,
también aplaudiría la demolición de la basílica del Valle de los Caídos.
Políticos como la señora Rodríguez, atacan el esclavismo de siglos pasados pero
jamás mencionarán a los millones de personas esclavizadas en los países
comunistas. Así lo refleja, a modo de
ejemplo, Anne Applebaum, en su obra “Gulag”, cuando expresa que en 1931 el
boicot occidental a los productos elaborados por esclavos soviéticos hizo que muchos
de ellos se emplearan en la construcción
del canal del mar Blanco (227 km). Stalin exigió que se hiciera en 20 meses y
se construyó con arena, madera y piedras para ahorrar metal y cemento. En el
canal trabajaron 170.000 prisioneros y “desterrados especiales”. La autora
mencionada afirma que durante la construcción murieron más de 25.000 prisioneros,
se empleó el trabajo a destajo y la alimentación y la ropa se vinculaba a la
productividad. La propaganda comunista, con la ayuda de Gorki y otros
intelectuales, ensalzó la construcción del canal que, sorprendentemente, sólo tiene cuatro metros de calado. El tráfico
marítimo en 1999 era con frecuencia de tres o cuatro buques al día. No parece
que la construcción hiciera tanta falta ni exigiera tanto sacrificio. Se ha
levantado un pequeño monumento que recuerda: “A los inocentes que murieron
construyendo el canal del mar Blanco, 1931-1933”.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)