Que Iglesias
llamara a la prudencia al periodista; virtud que no practicó en su despedida
del Parlamento europeo en 2015 cuando afirmó: “Vuelvo a mi país para que no
haya gentes como ustedes en el Gobierno”. Hoy, vicepresidente del gobierno
español, se podría encontrar con ese tipo de “gentes” en cualquier negociación
con la Unión Europea.
Destaco también
como algo negativo que justificara errores en su labor de gobierno porque son
humanos y se equivocan. Actitud que no extiende a los actos de los políticos de
la oposición. También me ha sorprendido el tono de voz beatífico, y la
familiaridad utilizada por Iglesias con el periodista.
Me ha llamado la
atención que el vicepresidente para justificar la implantación del Ingreso
Mínimo Vital (IMV) citara al Papa (que según Iglesias, cuando no le importaba
emplear términos belicosos, era compañero suyo de trinchera) y al ex ministro
del PP Luis de Guindos, aunque se le olvidó decir que la propuesta de éste era
que el IMV tuviera carácter temporal y no estructural. Iglesias remachó, así
mismo, que dicho ingreso mínimo era un factor para dinamizar el consumo (ya en
2015 se reconoció en una entrevista como marxista y neokeynesiano al mismo
tiempo).
Pese a
ello, el previsible aumento del gasto
público y del déficit provocará que la
Unión Europea, a continuación, exija el incremento de la presión fiscal y los recortes
habituales (pensiones y sueldos de los funcionarios). Consecuencias: disminución
del consumo y del ahorro familiar e, inevitablemente, el aumento del paro.
Estas
cuestiones y, otras que no menciono, permiten pensar que Pablo Iglesias está en
proceso de conversión y, para ello, no ha necesitado caerse de ningún caballo
ni, afortunadamente, quedarse ciego. Le ha bastado con subirse al coche
oficial. Para culminar dicho proceso sería conveniente, en mi opinión, que mostrara
su pleno respeto a la Constitución Española y a instituciones admirables como
la Guardia Civil.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)