En los días de
zozobra que soportamos, los ciudadanos muestran a diario su admiración y
respeto por todos aquellos servidores públicos que luchan denodadamente contra
la pandemia que nos azota. Hay, sin embargo, cuñas radiofónicas institucionales
en las que se omite a las Fuerzas Armadas porque, probablemente, las incluyen cuando se refieren a “las
fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado”; conjunto, al que tan agradecidos
estamos todos los españoles de bien. La Constitución Española define que las
Fuerzas Armadas están constituidas por
el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire y, además, fija las
misiones que se les encomienda: garantizar la soberanía e independencia de
España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.
Pido
respeto para nuestros soldados porque en las circunstancias actuales están
desempeñando un papel fundamentan en la lucha contra la pandemia y, a cambio,
en algunas zona de España, les ponen trabas, se les menosprecia y sólo les
queda obedecer disciplinadamente las órdenes de sus superiores.
Nada es casual,
los separatistas y sus colaboradores saben que la Jefatura del Estado,
encarnada por el Rey, y las Fuerzas Armadas son la garantía de la integridad
territorial de España y de su
ordenamiento constitucional. Se comprende muy bien, por lo tanto, que los
interesados en despedazar España y sus socios, propongan disminuir el
presupuesto de defensa en un 40%; que la monarquía desaparezca porque ya toca;
que el Rey no vista el uniforme militar y tampoco lo hagan los militares cuando
colaboren en la realización de miles de
pruebas de coronavirus (operación Zendal), en domicilios de toda España. Por
ello, cuando veo a un separatista o cómplice muy enfadado, exclamo: ¡Algo bueno
estaremos haciendo!
Prestemos atención al esfuerzo de nuestras
Fuerzas Armadas, que también tienen su cuota de dolor por el Covid-19, y reconozcámoselos
sin complejo alguno. El problema se arrastra de lejos porque los gobiernos
españoles de los últimos cuarenta años no han sabido entender que, en frase de
Julián Marías, no debemos tratar de contentar a aquellos que nunca estarán
satisfechos.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)