Los
Pactos de la Moncloa de 1977 se firmaron en una España sumida en el caos
económico: inflación galopante, desempleo, huelgas… y, al mismo tiempo, en un
proceso de transición política zarandeado por el terrorismo y amenazado por los poderes fácticos.
En
este contexto Suárez se vio en la necesidad de abordar la crisis económica y,
para ello, llevó a su gobierno a Fuentes Quintana un economista prestigioso.
Previamente, el presidente Suárez pactó con Carrillo el apoyo del PCE a sus
propuestas; por ello el PSOE, poco dispuesto al consenso, se vio obligado a colaborar.
Los
pactos a que me refiero, también tenían una vertiente política. A modo de
ejemplo, se plasmó por escrito una serie de medidas tendentes a la gratuidad de
la enseñanza.
Se consiguieron
buenos resultados en la estabilización económica y no tanto en las reformas estructurales.
Fuentes Quintana dimitió en febrero de 1978.
En
la actualidad España se ve afectada por la crisis sanitaria, se prevé que la
economía se resienta y el problema del separatismo persiste. Nada que ver con
lo acontecido en 1977 cuando la izquierda comunista llegó a proponer un gobierno de concentración
nacional. Los neocomunistas actuales colaboran con los separatistas y pretenden,
con los ahorros de los españoles, nacionalizar la banca apelando a la
Constitución (texto que interpretan a su antojo). Conviene recordar que el PSOE,
gozando de mayoría absoluta, nacionalizó la red eléctrica de alta tensión. Ahí
acabó su afán por la materia.
En
este momento histórico, tenemos que conseguir que la democracia vigilada de
1977 se transforme en democracia vigilante. No faltará el trabajo porque las
amenazas son muchas.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)