domingo, 19 de abril de 2020

191 Un virus selectivo

          Al parecer el virus Covid-19 tiene sus preferencias: en los Estados Unidos ataca vorazmente a la población hispana y a la afroamericana, lo que se justifica porque estos grupos sociales se ven obligados a salir a la calle y no aplican con rigor la “distancia social”; en nuestro país, parece que sus víctimas predilectas son los ancianos acogidos en las residencias de mayores.
 Como es sabido, Madrid es la comunidad autónoma que más sufre la acción del virus y se puede entender porque es, con diferencia, la comunidad más abierta de España y, en consecuencia, el virus se propaga fácilmente. Pese a ello, es muy difícil de explicar el número de fallecidos en los centros que acogen ancianos; el argumento de que sufren enfermedades asociadas no es válido, porque lo mismo sucede en las comunidades autónomas cuyos resultados son menos inquietantes.
         La gravedad del asunto es tal que en algunos centros los miembros de la UME se encontraron ancianos fallecidos “conviviendo” con otros residentes. La denuncia pertinente se presentó ante la Fiscalía General del Estado y el procedimiento legal se estará tramitando donde corresponda.
         Lo más grave de toda esta cuestión, en una muestra más del déficit democrático que nuestra sociedad, desde hace años, arrastra y tolera, es que la información disponible es confusa y, probablemente, incompleta.
Para que esta tragedia no se repita, es indispensable que todas las residencias de ancianos de España sean supervisadas por agentes externos  y sus informes deberían hacerse públicos (práctica frecuente en la evaluación de servicios sociales en algunos países europeos). Desconfío que se lleve a la práctica y, probablemente, se recurra a elaborar un informe global que, con el régimen territorial que sufrimos, tendrá escasa utilidad. Si la Unión Europea hiciera honor a su nombre, debería intervenir en estas cuestiones y no limitarse a enviar “hombres de negro” cuando la situación económica es grave y hay riesgo de impago. Personalmente, prefiero la Europa de los ciudadanos a la de los mercaderes.

                                                Roque Gómez Jaén (Puerto Real)