Hace
unos días, hemos conocido que el matrimonio compuesto por Penélope Cruz y
Javier Bardem, ha donado miles de mascarillas y guantes al hospital público La
Paz de Madrid (uno de los mejores de España). De este modo, Penélope y Javier colaboran
en la lucha contra el virus que nos atenaza. Para poder llevar a cabo su
donación, el matrimonio a que me refiero, ha contado con el apoyo logístico de
la empresa de Amancio Ortega Inditex.
En
su interés por buscar el bien común, los artistas mencionados no han tenido
ningún problema en aceptar la colaboración del empresario citado y, por ello,
los españoles debemos mostrarles nuestro agradecimiento. Lo que me ha llamado
la atención en esta materia, es que el vicepresidente Iglesias Turrión no haya
expresado el mismo malestar que cuando Ortega hizo donaciones millonarias para
la adquisición de equipamiento médico para los hospitales públicos. Entonces,
Iglesias veía indigno que se aceptaran donaciones y que lo adecuado, en su opinión,
era subir los impuestos a los ricos hasta alcanzar el 75% anual. Ejemplificaba
con la tentativa realizada en Francia (que fue rechazada por confiscatoria por la judicatura francesa). Pablo Iglesias
debería haber preguntado su opinión a las personas que, gracias a un mejor
diagnóstico de sus enfermedades, salvaron sus vidas. Parece lógico pensar que
tantos los enfermos como sus médicos estarán muy agradecidos al empresario
leonés.
En
mi opinión, Pablo Iglesias pertenece a esa clase de políticos que no ven más allá
de sus límites ideológicos. Pese a ello, como vicepresidente del gobierno habrá
jurado o prometido respetar la Constitución. No se trata de un mero formalismo,
sino de una exigencia derivada de la soberanía nacional que emana del pueblo. Los
cambios que se pretenden no se imponen de cualquier forma, se logran por procedimientos
legales y convenciendo a los españoles; es la
única forma de actuar en una democracia avanzada como la nuestra. En
esta cuestión, si el modelo sanitario que Iglesias propone es el cubano,
convendría recordarle que cuando Fidel Castro enfermó solicitó ayuda a la
sanidad pública madrileña que, sin prejuicios ideológicos, envió a sus
especialistas para que le diagnosticaran convenientemente.
Roque Gómez Jaén (Puerto
Real)