Durante mis
paseos por la calle De la Plaza de mi pueblo, he observado que se ha cubierto
la fachada de un edificio muy deteriorado con un enorme telón (calculo que tiene más de
40 m2), en el que un grupo colorido de hombres y mujeres se ha
parado para leer: “Puerto Real mejorando día a día”.
Al contemplarlo me he acordado de la
zarina Catalina la Grande porque, según es leyenda, Potemkim, uno de sus
mariscales, construía decorados que mejoraban las aldeas cuando la soberana las
observaba a distancia. Era una manera de camuflar la miseria; ahora,
simplemente, se oculta la realidad. Podríamos decir que la piscología de Potemkim
casi tres siglos más tarde, sigue teniendo adeptos.
Potemkim
engañaba a la zarina y ésta a los ilustrados europeos porque, su verdadero
pensamiento, se lo expresó al gobernador de Moscú: “Si fundo escuelas no es por
nosotros, sino por Europa, donde tenemos que conservar nuestra posición entre
la opinión pública. El día que nuestros campesinos deseen ilustrarse, tanto
usted como yo perderemos nuestros
puestos”.
Yo deseo que las
autoridades de Puerto Real no se parezcan ni a Catalina la Grande ni a Potemkin y, sobre
todo, que el autobombo no se financie con recursos públicos.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)