viernes, 7 de febrero de 2020

181 Stalin mola

Hace unos días en las redes sociales, circuló la imagen de miembros de Podemos y del PCA en la que uno de ellos se ufanaba de una camiseta con la imagen impresa de un Stalin uniformado. En un país libre como el nuestro, se soporta casi todo; otra cosa muy distinta, sucedía en la URSS tiranizada por Stalin.
En mi opinión admirar a Stalin (eso representa la camiseta), es fruto de la ignorancia o de la maldad; lo primero tiene arreglo, lo segundo no.
Si nos centramos en la ignorancia, se puede corregir leyendo la espléndida biografía de Stalin del profesor R. Service, la luminosa historia sobre los campos de concentración descrita por Anne Applebaum en su obra “Gulag” (premio Pulitzer de 2004) o el ensayo “El diablo en la Historia” del rumano Vladimir Tismaneanu. Como estos nombres quizás no sean lo suficientemente “democráticos” para los protagonistas de la foto, podrían leer las “Memorias de un republicano” de Luis de Azcárate que, procedente de una familia burguesa republicana, luchó en la guerra civil, sufrió el exilio en la Alemania comunista, Checoslovaquia, Méjico, Cuba y Argelia; durante su vida ocupó cargos en el comunismo oficial, conoció personalmente a Stalin, visitó en Moscú a la Pasionaria y, siendo muy anciano, aún fue capaz de mostrar su entusiasmo por los jóvenes de Podemos. En el libro se recogen peripecias suyas tales como el racionamiento de alimentos en dichos países, tener que esperar cinco días para poder ver a su hijo ingresado en un hospital,  o las extravagancias, en materia económica, de Fidel Castro. Pero me quedo con la opinión que, pese a su fervor comunista, le merecía Stalin al que apreció hasta que descubrió que era un monstruo: “Con el sistema de Estado creado por él era imposible la construcción de una sociedad socialista. En una ocasión, un amigo que había vivido durante años en la Unión Soviética me dijo que Stalin había matado al socialismo: creo que tenía razón”.

                                    Roque Gómez Jaén (Puerto Real)