Hace unos días
en las redes sociales, circuló la imagen de miembros de Podemos y del PCA en la
que uno de ellos se ufanaba de una camiseta con la imagen impresa de un Stalin
uniformado. En un país libre como el nuestro, se soporta casi todo; otra cosa muy
distinta, sucedía en la URSS tiranizada por Stalin.
En mi opinión
admirar a Stalin (eso representa la camiseta), es fruto de la ignorancia o de
la maldad; lo primero tiene arreglo, lo segundo no.
Si
nos centramos en la ignorancia, se puede corregir leyendo la espléndida
biografía de Stalin del profesor R. Service, la luminosa historia sobre los
campos de concentración descrita por Anne Applebaum en su obra “Gulag” (premio
Pulitzer de 2004) o el ensayo “El diablo en la Historia” del rumano Vladimir
Tismaneanu. Como estos nombres quizás no sean lo suficientemente “democráticos”
para los protagonistas de la foto, podrían leer las “Memorias de un
republicano” de Luis de Azcárate que, procedente de una familia burguesa
republicana, luchó en la guerra civil, sufrió el exilio en la Alemania
comunista, Checoslovaquia, Méjico, Cuba y Argelia; durante su vida ocupó cargos
en el comunismo oficial, conoció personalmente a Stalin, visitó en Moscú a la
Pasionaria y, siendo muy anciano, aún fue capaz de mostrar su entusiasmo por
los jóvenes de Podemos. En el libro se recogen peripecias suyas tales como el
racionamiento de alimentos en dichos países, tener que esperar cinco días para poder
ver a su hijo ingresado en un hospital, o las extravagancias, en materia económica, de
Fidel Castro. Pero me quedo con la opinión que, pese a su fervor comunista, le
merecía Stalin al que apreció hasta que descubrió que era un monstruo: “Con el sistema de Estado
creado por él era imposible la construcción de una sociedad socialista. En una
ocasión, un amigo que había vivido durante años en la Unión Soviética me dijo
que Stalin había matado al socialismo: creo que tenía razón”.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)