viernes, 31 de enero de 2020

179 La ciudad de los dragos

      Castelar llamó a Cádiz la ciudad sagrada y lo es desde un punto de vista mitológico; para mí, Cádiz ha sido siempre una ciudad mágica, con duende y, a ese tipo de ciudad, le corresponden árboles mágicos como los dragos. Era un niño cuando, en las proximidades de los Salesianos, contemplé por primera vez un drago; en el lugar que ocupaba hoy tiene una calle dedicada y varios ejemplares de la misma especie le recuerdan. En mi pueblo pino era sinónimo de árbol y, por ello, cuando descubrí el primer drago me asombré: no era grande y frondoso, no producía madera ni su fruto era comestible, pero despertó mi imaginación y, de sus brazos redondos, veía surgir decenas de espadas de los ejércitos romanos. Mi interés se incrementó cuando mis maestros me dijeron que, excepto en Canarias, eran muy escasos.
         Ya muy mayor, como excusa para recorrer a pie todo Cádiz, hice un modesto inventario de los dragos gaditanos que se dan en toda la ciudad, desde el parque de Genovés hasta la Zona Franca; los había centenarios, otros muy bien cuidados y, finalmente, también los había plantados sin orden ni concierto. Me entristecía ver ejemplares ubicados en lugares inverosímiles como las isletas de tráfico, donde el árbol jamás se podrá desarrollar, y su destino es la eliminación. Como nuestros dragos son mágicos, en algunas azoteas pueden observarse “dragos aéreos” cuyas hojas, ya maduras, presentan un aspecto amenazador. Me convencí de la magia de los dragos de Cádiz cuando un temporal se llevó el ejemplar centenario de Bellas Artes. Entonces, la responsable provincial en la materia, afirmó en la prensa que sería trasplantado; ingenuamente, la creí y es posible que tuviera razón pero la realidad es que, un duendecillo gaditano juguetón, transformó el drago en olivo. No he perdido la esperanza de que algún día, porque en una ciudad mágica todo es posible, el olivo en vez aceitunas vaya produciendo lo que mi imaginación infantil identificaba con las espadas de los soldados de Roma.

                                         Roque Gómez Jaén (Puerto Real)