Todos
sabemos que el patriotismo no necesita adjetivos. Se trata de un sentimiento de
amor a España (no es posible amar una estructura administrativa como el Estado)
y de aceptación de su historia; no se impone
ni se vincula a ideología o clase social porque es incondicional y, por
supuesto, no se exige a nadie. El patriotismo no se muestra hablando sino
haciendo.
Que
no se necesita añadir nada lo tenían muy claro los gaditanos de 1922 que,
mostraron su patriotismo, al embarcarse en la noble tarea de comprar
impermeables para los soldados españoles que luchaban y morían en Marruecos. La
campaña, se inició el “Día de la Raza” (sinónimo de nación nada que ver con la
antropología), en el ámbito escolar y se completó con éxito: se enviaron 400
impermeables para mejorar el equipamiento de nuestros soldados.
Todo
lo expresado se recoge muy bien en el “Diario” de fecha 11 de enero de 1922, y
lo firma el inspector de educación Filemón Blázquez. Narra como los maestros de
Facinas consiguieron involucrar a toda la aldea: comerciantes, autoridades y
propietarios contribuyeron y los niños y niñas (así se decía en la época sin
que nadie lo impusiera), colaboraron representando obritas de teatro.
Muchas
localidades de Cádiz participaron en la tarea y, la recaudación de 3.349,36
pts., sirvió para cumplir el objetivo previsto. Los niños de Facinas (pueblo
minúsculo) recaudaron 145 pesetas, cantidad considerable si consideramos que el salario de sus padres era de tres pesetas diarias. Las palabras de Filemón Blázquez,
recogidas en un papel amarillento me han emocionado, algo que nunca lograrán los
que falsean conceptos con fines inconfesables.
Para
desgracia de nuestro país, algunos españoles sólo reconocen el amor a su patria
cuando en el exilio comprenden que sólo volverán en un ataúd de plomo. Mucho lo
lamento, pero mucho más lamentaría que el exilio fuera en Barcelona.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)