Con
los años aprendí que había unas aves llamadas urracas, cuyo hermoso plumaje
blanco y negro contemplé por primera vez en El Escorial; según decían, eran ladronas
de objetos brillantes que acumulaban en escondrijos.
Leyendo libros
de historia conocí que diversas infantas de Castilla tenían dicho nombre y lo
corroboré en Covarrubias, lugar donde visité el panteón de los condes de
Castilla y admiré la mole pétrea llamada “El Torreón de doña Urraca”, al que no
pude acceder.
De un tiempo a
esta parte, las urracas han proliferado y se dejan observar en “Las Canteras” y en “La Algaida”
de Puerto Real. Todo esto viene a cuento porque, hace unos días, vi dos
ejemplares de estas hermosas aves en los
andenes de la estación de ferrocarril de Cádiz. Siempre me ha intrigado la
rápida expansión de las urracas y, contemplándolas en toda su belleza, lo
comprendí: ¡“Han llegado a Cádiz en nuestro Alvia y querían reclamar porque les
gustaría hacerlo en AVE, aunque sea de bajo coste”!