Julio Moro, periodista muy apreciado en
Cádiz, dedicó su artículo del “Diario”, fechado
el 13 de enero de 1919, a su amigo Aurelio Ripoll recién fallecido en Madrid
donde estaba destinado como médico militar. Moro le recordaba como un escritor
culto, poeta delicado, autor cómico y periodista del “Programa” en la ‘época
gloriosa del periodismo gaditano’.
Nuestro
periodista nos comentaba que Ripoll hacía muchos años que faltaba de Cádiz, y que
las relaciones se reanudaron tras la publicación en el “Diario” del artículo
titulado “D. José Navarrete”. En una carta Ripoll le expresaba a Julio Moro que
cuando falleciera la parte de su biblioteca dedicada a Cádiz, le sería enviada
para que se integrara en el Museo Iconográfico. Era una muestra de su cariño
por su amada “Tacita”.
Julio y Aurelio
son dos gaditanos de su tiempo: patriotas, cultos, condecorados por sus actos
y, sobre todo, compartían su amor por Cádiz.
Pero compartían
algo más: Julio Moro recordaba con tristeza la llegada a Cádiz de los soldados
repatriados de Cuba donde: ‘No eran tratados como vencidos sino como mártires
que se sacrificaron en holocausto de una obligación sacrosanta’. Esa misma
tristeza, tuvo que sentirla Aurelio Ripoll porque él, como médico segundo
militar, formaba parte de esos soldados vencidos que, a bordo del buque ‘San
Francisco’, retornaban a su patria.
Lamentablemente,
el destino también tenía previsto que coincidieran en el listado del ‘Fichero
General Masónico’ pese a que Aurelio murió a fines de 1918 o en la primera
quincena de 1919, y su amigo Julio el 14 de diciembre de 1933. Para nuestra
desgracia, en nuestro país hay cosas que no se perdonan ni con la muerte.