domingo, 29 de diciembre de 2019

175 Urracas siglo XXI

             Siendo un niño conocí la palabra urraca por primera vez. Leía un tebeo protagonizado por “Doña Urraca”: personaje siniestro representado por una señora delgada vestida de negro, rostro hundido y nariz aguileña donde se posaban unas gafas; casi siempre iba corriendo y portaba un paraguas listo para golpear. Afortunadamente, su maldad nunca triunfaba y su contrapunto era un personaje muy bondadoso llamado Caramillo.
         Con los años aprendí que había unas aves llamadas urracas, cuyo hermoso plumaje blanco y negro contemplé por primera vez en El Escorial; según decían, eran ladronas de objetos brillantes que acumulaban en escondrijos.
Leyendo libros de historia conocí que diversas infantas de Castilla tenían dicho nombre y lo corroboré en Covarrubias, lugar donde visité el panteón de los condes de Castilla y admiré la mole pétrea llamada “El Torreón de doña Urraca”, al que no pude acceder.  
De un tiempo a esta parte, las urracas han proliferado y se dejan  observar en “Las Canteras” y en “La Algaida” de Puerto Real. Todo esto viene a cuento porque, hace unos días, vi dos ejemplares de estas  hermosas aves en los andenes de la estación de ferrocarril de Cádiz. Siempre me ha intrigado la rápida expansión de las urracas y, contemplándolas en toda su belleza, lo comprendí: ¡“Han llegado a Cádiz en nuestro Alvia y querían reclamar porque les gustaría hacerlo en AVE, aunque sea de bajo coste”!
                                          Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

domingo, 22 de diciembre de 2019

174 Universidad y rendimiento

            La semana pasada el ‘Diario’ nos informaba que la financiación de las universidades iría unida al rendimiento; además, se pretende la búsqueda de la excelencia como objetivo principal y, como premisa, aumentar y mejorar la capacidad de producción de conocimiento. Todas esas ideas me parecen razonables, es el desarrollo de las mismas  lo verdaderamente difícil. En todo proceso de mejora se precisa conocer el punto de  partida que, en nuestro caso, no es bueno. Basta con echar un vistazo, a los resultados de estudios nacionales  como el de la fundación BBVA-Idie o informes mundiales como el  ARWU-2019, en la materia. En ninguno de ellos salen bien paradas las universidades andaluzas; a modo de ejemplo, entre las 500 mejores universidades del mundo sólo aparece Sevilla. Podríamos tener como meta mejorar estos resultados, cuyos indicadores son conocidos por todos; por ejemplo, el estudio ya citado del BBVA mide: docencia, investigación e innovación y desarrollo tecnológico.
También tendremos que considerar cuestiones de tipo cuantitativo, como las recogidas  el “Anuario-2019” del grupo Joly,  que afectan a las universidades andaluzas a saber: el abandono educativo temprano que en Andalucía es el más alto de España y de toda la Unión Europea (23,5% del tramo de edad 18 a 24 años) lo que constituye una “selectividad paralela” a la oficial. Si añadimos que la tasa de investigadores es muy inferior a la española, lo mismo que la evolución del gasto en I+D (investigación y desarrollo) y en gasto comparado en I+D (inferior al 50 % de la europea) la perspectiva que se nos presenta no es halagüeña. Las desigualdades, no van a desaparecer con facilidad a menos que la sociedad tome conciencia de la gravedad del problema. Se precisa un esfuerzo continuado de todos los implicados en la mejora del sistema educativo, entre los que incluyo al empresariado; dichas mejoras, partiendo de una situación tan negativa, pronto serán perceptibles. La tarea merece la pena porque nuestros alumnos, de todos los niveles, no se merecen que perdamos la esperanza.
                                                            
                                                             Roque Gómez Jaén (Puerto Real)
           

lunes, 16 de diciembre de 2019

173 Julio Moro y Aurelio Ripoll

        Julio Moro, periodista muy apreciado en Cádiz, dedicó  su artículo del “Diario”, fechado el 13 de enero de 1919, a su amigo Aurelio Ripoll recién fallecido en Madrid donde estaba destinado como médico militar. Moro le recordaba como un escritor culto, poeta delicado, autor cómico y periodista del “Programa” en la ‘época gloriosa del periodismo gaditano’.
Nuestro periodista nos comentaba que Ripoll hacía muchos años que faltaba de Cádiz, y que las relaciones se reanudaron tras la publicación en el “Diario” del artículo titulado “D. José Navarrete”. En una carta Ripoll le expresaba a Julio Moro que cuando falleciera la parte de su biblioteca dedicada a Cádiz, le sería enviada para que se integrara en el Museo Iconográfico. Era una muestra de su cariño por su amada “Tacita”.
Julio y Aurelio son dos gaditanos de su tiempo: patriotas, cultos, condecorados por sus actos y, sobre todo, compartían su amor por Cádiz.
Pero compartían algo más: Julio Moro recordaba con tristeza la llegada a Cádiz de los soldados repatriados de Cuba donde: ‘No eran tratados como vencidos sino como mártires que se sacrificaron en holocausto de una obligación sacrosanta’. Esa misma tristeza, tuvo que sentirla Aurelio Ripoll porque él, como médico segundo militar, formaba parte de esos soldados vencidos que, a bordo del buque ‘San Francisco’, retornaban a su patria.
Lamentablemente, el destino también tenía previsto que coincidieran en el listado del ‘Fichero General Masónico’ pese a que Aurelio murió a fines de 1918 o en la primera quincena de 1919, y su amigo Julio el 14 de diciembre de 1933. Para nuestra desgracia, en nuestro país hay cosas que no se perdonan ni con la muerte.

                                                   Roque Gómez Jaén (Puerto Real

miércoles, 4 de diciembre de 2019

172 El cementerio de "EL Trocadero"

          En el sistema defensivo de la bahía gaditana ‘Fort Louis’ protegía la entrada al caño de la Cortadura. El fuego combinado de dicho fuerte y el de los castillos de Matagorda y Puntales, hacía difícil la entrada de los buques atacantes en dicha zona. A veces, sobrevolando en las hemerotecas, se encuentran noticias llamativas como las que he obtenido, en las del ‘Diario’ y ‘La Dinastía’, referidas a ‘Fort Louis’.
         En primer lugar, en el año 1885, los obreros de Puerto Real que trabajaban en la Carraca, pasaron una cuarentena de cinco días en dicho fuerte, por la epidemia de cólera que azotaba mi pueblo, antes de incorporarse a su puesto de trabajo. Es decir, ‘Fort Louis’, o lo que quedaba del mismo, hacía las veces de lazareto.
Posteriormente, el fuerte fue utilizado para atender a los militares enfermos repatriados de Cuba durante los años 1898-99 y de las 232 personas ingresadas fallecieron 104, el 44,83% del total;  dicho porcentaje es el más alto, con diferencia, de los cinco centros sanitarios gaditanos que atendieron a dichos repatriados. Deduzco que allí eran enviados los enfermos más graves.
         Posteriormente, ya en el año 1916, Jacobo Butler, miembro de la Real Academia Hispano Americana, solicitó que se gestionaran los medios para erigir una columna fúnebre en el cementerio de ‘El Trocadero’: ‘donde fueron enterrados los restos de aquellos desgraciados servidores de la patria, que la perdida de las Antillas devolvió a España exhaustos y afligidos y, en Fort Louis, que les libró de sus padecimientos y desdichas’.
         He indagado entre mis paisanos y ninguno me ha sabido decir si en la zona de “El Trocadero” ha existido alguna vez un cementerio. Creo que la columna, nunca tan merecida, tampoco se erigió. Me gustaría equivocarme.

                                          Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

martes, 3 de diciembre de 2019

171 Obviedades y funcionarios maleables

Tras la sentencia por el caso de los ERE, se ha desencadenado una campaña mediática destinada a reivindicar la honradez de los ex presidentes de la Junta Chaves y Griñán, y señalar que dicha sentencia puede ser revocada por el Tribunal Supremo. Son obviedades que no se proclamarían si nuestros políticos tuvieran mejor concepto de los ciudadanos. Lo importante, es que la sentencia declara probado que diecinueve de los veintiún acusados  han sido condenados por prevaricación, por malversación o por ambos delitos.  
Hay prevaricación cuando la autoridad o funcionario público dicta, a sabiendas, una resolución injusta y malversación, cuando los mismos autores, sustraen o consienten que un tercero sustraiga caudales o efectos públicos que tienen a su cargo.
         Está claro que, desde el punto de vista penal, tan grave es llevarse el dinero a casa como consentir que otros lo hagan. Hay que destacar que en la sentencia sólo han sido absueltos el ex interventor general de la Junta y el ex jefe del gabinete jurídico pese a que las defensas, desde el primer día del juicio, pretendieron responsabilizar de los delitos a los funcionarios. En el juicio ha quedado demostrado que, durante años, la intervención denunciaba auténticos delitos y no simples irregularidades.
Procuro no alegrarme del mal ajeno pero la sentencia me satisface  porque la ley es igual para todos; los interventores cumplieron con su deber y, finalmente, porque crear órganos opacos a la supervisión fue una mala idea. Si nuestros políticos entendieran que su primer deber es cumplir y hacer cumplir la ley no habría casos como el que tratamos.  
Una reflexión final: tramas como la de los ERE, necesitan la colaboración de funcionarios “maleables” que, con un sentido de la lealtad erróneo, favorecen este tipo de escándalos; así mismo, tengo la convicción moral de que muchos informes, reglamentariamente elevados, yacen en un cajón o en un dispositivo informático, esperando que hechos punibles prescriban.

                                Roque Gómez Jaén (Puerto Real)