lunes, 25 de noviembre de 2019

170 Lengua materna

Hace unos días Joan Margarit, premio Cervantes 2019, en un breve reportaje de la televisión pública mostró su malestar por haber aprendido la lengua castellana, que no era la suya, a golpes. También afirmó: ‘que el poema debe ser escrito en lengua materna’, lo que comparto plenamente. En este punto, merece la pena recordar lo acaecido con la ‘cuestión lingüística’ en Cataluña durante los últimos cuarenta años. Ya en la Transición, los entonces separatistas camuflados, insistieron en que los alumnos de lengua materna catalana debían ser escolarizados en dicha lengua y numerosos pedagogos avalaron la propuesta; al mismo tiempo, se  favorecería el éxodo del profesorado castellano-parlante (varios miles de funcionarios docentes abandonaron Cataluña).
           Logrados estos objetivos, llega un momento en  el que al alumnado de lengua materna castellana se le impone un modelo de inmersión en  catalán y, al mismo tiempo,  se minusvalora su lengua doméstica (en este caso los ilustres pedagogos callan). Sabemos que durante años, en determinados centros docentes catalanes, el alumnado no podía expresarse en castellano ni en los recreos. Al mismo tiempo, se sancionaba a los empresarios que rotulaban sus negocios en castellano (lengua oficial de España).
El señor Joan Margarit, a sus ochenta y un años, aún sufre porque en su niñez no podía expresar elevados conceptos en una lengua que no era la suya. En realidad él, como muchos otros españoles, soportaba las consecuencias de una dictadura sin haber sido responsable de su llegada.
Ahora, en un régimen de libertades, estoy convencido que el Sr. Margarit se sentirá solidario con los niños de lengua vernácula castellana a los que se les impide la libre expresión en su idioma. Aquellos que sabiéndolo lo permiten, no son mejores que los funcionarios franquistas.

                                      Roque Gómez Jaén (Puerto Real)