Trump,
en su campaña electoral, apeló al patriotismo de los estadounidenses, y le fue
bien. En España algunos están dispuestos a seguir su estela y parece que la
idea no cuaja. Es probable que se deba al hecho de que históricamente se
vincula dicho concepto a una ideología cuando, en mi opinión, el patriotismo no
tiene color; es más, creo que hay patriotas de ideologías diversas pero unidos,
sencillamente, por el amor a la patria común. Para no caer en el fanatismo, es
imprescindible que se respete a aquellos que por el motivo que sea no sienten
amor por su patria.
También
en otros países el patriotismo ha sido poco valorado. Sirvan de ejemplo
intelectuales como Ambrose Bierce que lo define como ‘basura combustible
utilizable por cualquiera que tenga la ambición de ensalzar su propio nombre’ o
Samuel Johnson que lo consideraba como ‘el último refugio de un canalla’.
Por
lo general, se acepta que el patriotismo es un sentimiento que nos une a
nuestra patria y nos lleva a querer su grandeza y prosperidad; más que amor al
suelo, es amor al pasado y respeto a las generaciones que nos han precedido.
Para evitar la confusión, deberíamos considerar que el patriotismo es algo natural y espontáneo,
mientras que el nacionalismo es racional
y vinculado al Estado. El patriotismo, pese a su etimología, es también la
patria adoptiva para aquellos que se sienten bien integrados y comprometidos
con ella.
En
‘El Diccionario del Lenguaje Filosófico’ de P. Foulquie, se cita a Menéndez Pidal que en 1947, sobre esta
cuestión, expresaba: “El amor a la ‘patria chica’, nacido con los imborrables
recuerdos de la infancia, se queda en mezquindad y pobreza si las experiencias
y las ideas generosas de la juventud no lo extienden a la patria grande, la
patria a secas; como el amor patrio degenera también en una limitación si la
mayor madurez del hombre no lo comparte con el de la patria universal […]”. Hoy
que sufrimos crisis económicas globales y se prevén catástrofes del mismo
signo, deberíamos, en concordancia con la hermosa intuición de Menéndez Pidal,
aspirar a un patriotismo supranacional.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)