domingo, 29 de septiembre de 2019

163 El trabajo del Rey

En fechas recientes, los medios de comunicación se han hecho eco de las palabras de Pablo Iglesias en las que instaba al Rey a que ejerciera su función arbitral con Pedro Sánchez. Otros dirigentes de Podemos han afirmado que el papel del Rey no podía burocratizarse.
Como muy bien expresa el catedrático de la UNED Torres del Moral, los poderes regios son muy recortados porque incluso sus funciones-competencias no son autónomas. Es decir, sus actos son refrendados o autorizados y el Rey ejerce una magistratura de autoridad e influencia. Con su neutralidad, añade, contribuye a que el pluralismo se respete.
A Pablo Iglesias, de tendencias republicanas, no le gustaría que el Rey disfrutara de atribuciones como: Nombrar y separar libremente al Presidente del Gobierno; poder disolver las Cortes hasta dos veces; suspender las sesiones ordinarias del Congreso… Son algunas de las recogidas en la Constitución de 1931 para el Presidente de la II República que también era el Jefe del Estado. Niceto Alcalá Zamora, el primero en ocupar el cargo, pese a que sus actos necesitaban ser refrendados, hizo todo lo posible para mantener fuera del gobierno al partido mayoritario porque lo consideraba un deber moral y político. No debe extrañarnos que Stanley G. Payne manifestara que Alcalá Zamora desbarató el Parlamento.
  Teniendo en cuenta los antecedentes, creo que la función moderadora y de arbitraje del Rey, que no gobierna pero influye, es un ejemplo de exquisita neutralidad muy conveniente en la crispada vida política española.
Si la Jefatura del Estado la ocupara un político de partido, España añadiría un problema más a la larga lista de los que ya padecemos estoicamente.
     
                      Roque Gómez Jaén (Puerto Real)