sábado, 12 de octubre de 2019

164 El periodismo mata el libro lentamente


De este modo tan llamativo se expresaba Patrocinio de Biedma, una mujer formidable, en el número 1 de la revista Cádiz, de letras, ciencias y arte, en el muy lejano 1877.
Hoy nos extrañaría que una persona que ejercía el periodismo y era propietaria de la revista nombrada, se manifestara así. Patrocinio pensaba que el desarrollo del periodismo ponía en peligro la difusión de la cultura a través del libro. Sagazmente, creía que en la misma prensa estaba la solución del problema; se trataba de llevar la literatura en pequeñas dosis al periódico, y así lo escribía: “Hay que desleír el libro en el periódico”. Para atraer al lector, ponía como condición que los asuntos tratados fueran importantes, variados y bellos. Debería evitarse la materialidad grosera y el intelectualismo exagerado. Se pretendía  elevar el gusto del pueblo y los periódicos literarios como el que ella presentaba, serían de gran utilidad para alcanzar dicho objetivo.
Patrocinio era consciente que la mayoría de las revistas de esta índole se publicaban en Madrid y, por ello, se marca como meta no dejar que la capital los absorbiese sino que, por el contrario, los artistas ubicados en Madrid colaboren con ella y, al mismo tiempo: “darles a conocer los esclarecidos escritores que, sin duda por indolencia del carácter meridional, se olvidan ellos mismos de su valor, y vegetan en provincias, tal ha sido la idea que nos ha guiado al fundar esta revista”.
Pasados los años, los periódicos no hacen peligrar los libros sino que, por el contrario,  conviven en armonía. El problema actual es, con independencia del formato empleado, la permanencia de la prensa escrita y de su capacidad para analizar la realidad. Se trata, en definitiva, de un periodismo meditado, no vociferante, del que  España, acosada en diversos frentes, está muy necesitada.

                                         Roque Gómez Jaén (Puerto Real)