De
este modo tan llamativo se expresaba Patrocinio de Biedma, una mujer
formidable, en el número 1 de la revista Cádiz, de letras, ciencias y arte, en
el muy lejano 1877.
Hoy
nos extrañaría que una persona que ejercía el periodismo y era propietaria de
la revista nombrada, se manifestara así. Patrocinio pensaba que el desarrollo
del periodismo ponía en peligro la difusión de la cultura a través del libro.
Sagazmente, creía que en la misma prensa estaba la solución del problema; se
trataba de llevar la literatura en pequeñas dosis al periódico, y así lo
escribía: “Hay que desleír el libro en el periódico”. Para atraer al lector, ponía
como condición que los asuntos tratados fueran importantes, variados y bellos.
Debería evitarse la materialidad grosera y el intelectualismo exagerado. Se
pretendía elevar el gusto del pueblo y los
periódicos literarios como el que ella presentaba, serían de gran utilidad para
alcanzar dicho objetivo.
Patrocinio
era consciente que la mayoría de las revistas de esta índole se publicaban en Madrid
y, por ello, se marca como meta no dejar que la capital los absorbiese sino
que, por el contrario, los artistas ubicados en Madrid colaboren con ella y, al
mismo tiempo: “darles a conocer los esclarecidos escritores que, sin duda por
indolencia del carácter meridional, se olvidan ellos mismos de su valor, y
vegetan en provincias, tal ha sido la idea que nos ha guiado al fundar esta
revista”.
Pasados
los años, los periódicos no hacen peligrar los libros sino que, por el
contrario, conviven en armonía. El
problema actual es, con independencia del formato empleado, la permanencia de
la prensa escrita y de su capacidad para analizar la realidad. Se trata, en
definitiva, de un periodismo meditado, no vociferante, del que España, acosada en diversos frentes, está muy
necesitada.
Roque Gómez Jaén (Puerto
Real)