Ya hace algún tiempo comenté que, en los
primeros meses de 1918, el doctor gaditano José M. de Puelles tenía previsto
dar en Cádiz una conferencia sobre la radioscopia sin peligro para el operador.
Enterado de las dificultades que pasaban los niños del Hospicio gaditano, se
propuso ayudarles cobrando la entrada a la conferencia y amenizarla con otras
actividades. Solicitó y obtuvo la ayuda del “Diario” pero la acogida de sus
paisanos fue fría. Decepcionado, no se desanimó y abrió una suscripción al respecto que encabezó con
100 pts. Nuestro “Diario” contribuyó en la suscripción, la patrocinó y publicó
las cantidades recaudadas hasta el día de la conferencia.
El
doctor, al que en su momento califiqué
de generoso y tenaz, celebró su conferencia y, como estaba previsto, se
publicaron las aportaciones que alcanzaron la cifra de 450 pesetas (hoy nos parecen
poca cosa pero entonces no era así). Dicha cantidad, se entregó a la
institución benéfica ya citada que justificó la donación con una factura por 454
metros de tela: 329 de crudillo liso para babis y 125 de muselina para ropa
interior.
Es
justo considerar como generosa a una persona que entrega 100 pesetas del total
de las 450 recaudadas; asimismo, puede ser calificada de tenaz porque no se
desanimó y modificó sus planes iniciales sin perder de vista su objetivo y,
finalmente, a la pregunta que yo me hacía si tuvo éxito en su empresa, el mismo
Dr. Puelles, en su carta abierta a Federico Joly, reconoce: Vuelvo a Sevilla como chiquillo con zapatos
nuevos. Estoy seguro que la tela comprada con la donación fue bien empleada
en el Hospicio gaditano.
Han
pasado cien años, nada en términos históricos, y podemos contemplar lo que la
sociedad española ha avanzado en este tiempo. Conviene apreciarlo y no olvidar
que los avances sociales logrados no son irreversibles.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)