El
periodista Fernán Cid marcha a la Argentina y, en su despedida de España,
escribe en el “Diario” de fecha 15 de enero de 1918 un artículo cuyo título da
nombre a esta carta. A pesar de lo que algunos creen, la historia es inmutable
y de ahí, la conveniencia de mirar atrás sin ira ni odio. El notable periodista
reflexiona sobre la ausencia de una política nacionalista en nuestra tierra y
los ataques de los separatistas: indolencia andaluza, ausencia de ideales y espíritu
antimoderno. Afirma, así mismo, que de extenderse a Andalucía las invectivas
que se aplican a Castilla, el espíritu centralista adquiriría una fuerza
indestructible. Entiende Fernán Cid que Andalucía es España en alma y cuerpo y,
por ello, no puede colaborar en la disolución del conjunto histórico español;
para él, el impulso inicial de Castilla se afianzó en Andalucía y se impregnó
de orientalismo. Por ello, Andalucía es la más fuerte defensa de la unidad
nacional. Comenta, finalmente, nuestro cronista que los separatistas cuando
hablan de la “Gran Iberia” lo hacen de un concepto sin desarrollar, al que
Fernán Cid opone la fórmula de una gran España bien presentada y ensalzada.
Han pasado cien años y cuando algunos alegan ignorancia de
lo que acontece en Cataluña, de manera principal en los centros educativos, no
hacen más que esconder sus vergüenzas. Los separatistas de toda laya, no se han
movido ni un ápice de su objetivo final consistente en la destrucción de la
nación española. La tarea no es fácil y los segregadores necesitan la
colaboración de aquellos que sólo se mueven por intereses particulares. Los que
no somos así, no podemos ni debemos permanecer impasibles ante la destrucción
programada de una construcción histórica secular.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)