Para
la provincia de Cádiz en el primer tercio del siglo XX, era de vital
importancia una línea de ferrocarril que uniera Jerez con los municipios
serranos de Arcos, Villamartín y Setenil. Así, en el Diario de fecha 23 de septiembre de 1923, se recogen las gestiones
al respecto del alcalde de Arcos, en sintonía con las de Jerez, que culminarían
con el saludo de una comisión de arcenses en una próxima visita a Jerez de
Primo de Rivera (presidente en esas fechas del Directorio militar).
Esta
línea, a diferencia de otras, contaba con una sociedad propietaria del proyecto
que, con anterioridad, ya se había dirigido al Directorio. Como era habitual en
la época, una gran cantidad de instituciones y entidades locales se habían
dirigido telegráficamente a las autoridades para que concedieran la línea
férrea ya nombrada.
Pero,
como en otras muchas ocasiones, la realidad se impone a los buenos deseos. La
ingeniería civil hizo su trabajo y, al parecer, el ferrocarril llegó a
funcionar hasta Arcos. No obstante, el fracaso de las inversiones efectuadas es
palpable; basta con ver como la Peña de Arcos, en las proximidades del río
Guadalete, está horadada y sus túneles sellados. Me han comentado que en dichos
túneles se había tratado de cultivar champiñones.
Entristece
el destino de una obra que, en ese momento histórico, podría haber vertebrado
la provincia de Cádiz y facilitado el contacto con una parte de la sierra
malagueña. Pero reflexionando sobre la alternativa económica: ¿a qué precio nos
saldría el kilo de champiñones si consideramos el dinero gastado en una obra
mal calculada y no finalizada?
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)