Cuando estos españoles nacieron, acababa de finalizar la
primera guerra mundial de la que España, para su fortuna, se libró; el país
crecía económicamente; el analfabetismo (59% de la población en 1900) había
descendido; florecía la cultura (florecimiento luego atribuido a la república
que sólo duró ocho años); se empezaban a pagar pensiones aunque escasas y
tardías …
Las esperanzas quebraron con rapidez: las escuelas eran
insuficientes, enfermedades como la gripe diezmaban la población, los huérfanos
si no eran acogidos por las familias, pasaban calamidades de todo tipo y caían
en el arroyo. La caridad suplía la carencia de justicia. No exagero, sirva de
ejemplo la iniciativa de un médico gaditano que encabezaba una suscripción
pública para proveer de ropa y calzado a los niños del Hospicio (“Diario” de
fecha 28 de enero de 1918).
El
cuadro se completa con la guerra
colonial, la gran crisis de 1929, la guerra civil (la más atroz de las
guerras), una posguerra aterradora y, finalmente, la emigración.
A
nuestros protagonistas, la recuperación de la democracia y la mejora de las
condiciones de vida les cogió mayores; sus hijos, fueron los beneficiados. Sin
responsabilidad en las calamidades ya expresadas propiciaron con generosidad la
concordia entre españoles. Ahora, algunos de sus nietos piensan que el
bienestar económico se logra por decreto en el BOE, y, empeñados en desenterrar
los fantasmas del pasado, disfrutan con emociones
fuertes a semejanza de las que contemplan en series televisivas como “Juego de
Tronos”.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)