El transporte público tiene ventajas e inconvenientes; yo lo
uso de modo casi exclusivo y, viajando, he podido ver la evolución de personas e
instituciones en múltiples aspectos. Refiriéndome a los autobuses, he observado
que cada vez se reservan más plazas para ancianos, afectados por accidentes o
enfermedades y mujeres embazadas. Así mismo, he podido contemplar que algunos
de los beneficiados han tenido que reclamar su derecho y, a veces, la actitud de algunos usuarios ha sido poco
solidaria al respecto.
En mi opinión, lo que parece un logro no es sino un fracaso
de nuestra sociedad porque, si tenemos que reglamentar la ayuda a las personas
necesitadas, algo marcha mal en nuestro país. Afortunadamente, no todo es negativo;
hace unos días, contemplé como a un anciano se le caía al suelo del autobús su
tarjeta de transporte; no tuvo que recogerla porque un joven sudamericano se le
adelantó. El afectado le dio las gracias y la respuesta del muchacho fue: “Con
gusto”. Hermosa expresión y un claro ejemplo de que cuando se actúa con
educación, sobran normas y reglamentos. Los españoles somos un pueblo que se ha
caracterizado por su cortesía, su gentileza y su hidalguía. ¡Imitemos al joven
benefactor!
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)