El
periodista gaditano Julio Moro, movido por su patriotismo, acudió a Madrid a
los actos convocados para homenajear al rey Alfonso XIII en respuesta a la
campaña desatada contra nuestro país en el extranjero. A su regreso publicó en
el Diario un artículo, fechado 1 de
febrero de 1925, en el que comenta sus impresiones y afirma que al homenaje
acudieron representaciones de todas las provincias ante el aplauso del pueblo
madrileño.
Ahora,
en pleno siglo XXI, llama la atención que en las jornadas a que se refiere Moro
participaron activamente representantes de la vida social y económica catalana.
A modo de ejemplo: La banda municipal de Barcelona en un concierto saludó la
enseña nacional a los sones de la Marcha Real; doscientos somatenes catalanes,
portando históricas banderas, llegaron a Madrid en tren; también en ferrocarril
llegaron mozos de escuadra, ordenanzas de la Diputación de Barcelona y de la
Mancomunidad y el jefe de ceremonias del Ayuntamiento barcelonés; en el
concierto celebrado en el Palacio Real asistieron los representantes de Olot,
Figueras, Tortosa, Valls, Tarrasa, Manresa, Vich…
También
hubo actos y celebraciones en Barcelona: liberación de presos, iluminación de
fachadas, conciertos de bandas de música militares, recepciones y homenajes al
rey…
Han
pasado más de noventa años, y los
agravios al Rey y a España no parten del extranjero se generan aquí. Alcaldes
catalanes esgrimen bastones amenazadores, retiran banderas y retratos, vejan la
figura del Rey y la población española asiste, atónita, a un proceso de
degradación de la convivencia en Cataluña que, inexorablemente, afectará a toda
España.