Este año se celebra el
centenario de Bergman. La única película que he visto del cineasta sueco es la
que da nombre a esta carta. La vi a finales de los setenta en Bilbao y cuando
salí del cine me di cuenta de que no había entendido nada de la película. Ahora,
he vuelto a verla con las ventajas del video y me sigue pareciendo una película
complicada.
Bergman dirige en su
obra a magníficos actores encabezados por David Carradine y Liv Ullmann. Ya en
las primeras secuencias el director sueco nos muestra el Berlín de 1923
dominado por la ruina (un paquete de cigarrillos costaba 4000 millones de
marcos alemanes), la desesperanza, el desorden, la violencia, el caos y el
escapismo. En un momento de la película un inspector de policía le dice al
protagonista: ¿Se imagina usted Alemania
sin horarios de tren? Es una muestra de terror al desorden.
Bergman juega con
ventaja porque ya conoce la historia de Alemania y, probablemente, lo que
pretende es alertar a los jóvenes contemporáneos (dañados según el autor sueco
por veinte años de televisión). El cineasta nos propone una metáfora en la que
mediante un huevo de serpiente nos ayuda
a reconocer a la bestia en estado embrionario.
Aunque la obra puede
aparentar pesimismo, realmente es esperanzadora porque algunos personajes
persisten en el cumplimiento de su deber y, otros, pese al caos imperante, deciden casarse (primeras
escenas de la película) porque aún creen en el futuro. No falta una pizca de
humor como cuando el protagonista le da
a la policía como domicilio el nº 35 de Begmanstrasse.
Prefiero quedarme con
esta idea y desear que el huevo de serpiente que amenaza a los españoles no
llegue a eclosionar.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)