martes, 18 de agosto de 2020

204 El precio de la libertad

En pleno siglo XXI algunos políticos españoles se muestran orgullosos de los logros del comunismo. Sin embargo nadie, en público, se muestra satisfecho del pasado nazi. Ambas ideologías totalitarias, en mi opinión, deben ser rechazadas.
         A la muerte de Stalin, las esperanzas de libertad pronto se vieron frustradas. La amnistía no se aplicó a muchos prisioneros de los campos de trabajo, lo que provocó irritación y huelgas. La cara siniestra del comunismo volvió a manifestarse cuando, en las cuencas carboníferas, los trenes llevaban pintadas como: “Al diablo con vuestro carbón queremos libertad”.
En 1954 los huelguistas de Kengir (campo de prisioneros), fueron aplastados por 1.700 soldados apoyados por tanques y perros. La cifra oficial de muertos fue de 47 prisioneros. La enfermera Bershadskaya vio como los tanques aplastaban a un grupo de mujeres que trataban de bloquear su avance. En el quirófano la mayoría de los asistidos, moribundos, trataban de pronunciar sus nombres y pedían se informara a sus familias. Cuando la enfermera se quitó el gorro pudo ver que el horror provocado por la carnicería, había encanecido su cabello.
 Los huelguistas de Kengir perdieron la batalla pero ganaron la guerra, porque los campos de trabajos forzados se desmantelaron a una velocidad asombrosa.


                           Roque Gómez Jaén (Puerto Real)