Como
muestra un botón: me voy a referir al artículo fechado el 3 de julio de 1926,
titulado ‘Jerez entre dos extremos’, en el que Bello narra como en un colegio
jerezano los aproximadamente 60 niños que acuden a clase, muchos de ellos descalzos
de pie y pierna, luchan por estar en los primeros puestos de la fila. La razón
para este comportamiento era que sólo había comida para los veinte primeros. Es
evidente que, en una muestra de ‘darwinismo social’, comerían los más fuertes.
La noticia llegó a Nueva Orleans donde la escasa colonia española, formada por
trabajadores, recolectó 800 pesetas, suficientes para que durante cuatro meses
todos los niños comieran. En la colecta, llegaron a participar dos niños de
siete años que entregaron todos sus ahorros para la causa.
Creo
que el sentimiento que movía a los donantes no era más que una manifestación de
patriotismo, tan fuerte, que cruzaba el Atlántico. Al mismo tiempo, se observa la
mentalidad del estadounidense medio: se ayuda para dar tiempo a que se remedio
una situación calamitosa pero no se puede transformar en un subsidio
permanente.
Desconozco
si la situación descrita sirvió de aldabonazo para que la población de Jerez,
ciudad rica en opinión de Luis Bello, diera una solución definitiva al
problema. No es preciso ser muy inteligente para saber que no se puede esperar
rendimiento educativo en un niño que no come. No estoy seguro de que, en
nuestros días, todos los niños escolarizados estén bien nutridos; puedo afirmar,
desde luego, que en la década de los noventa del siglo pasado no era así.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)