No
me gusta que el ornato de las ciudades
incluya pintadas de dudoso gusto; sin embargo, sí me interesan las
expresiones escritas en las paredes porque perduran y pueden ayudarnos a
comprender la situación en la que vivimos.
Hace
unos días me llamó la atención un letrero que decía: Orden sin ley. Mire usted por donde, tanto orden como ley son
términos polisémicos como se puede comprobar en el diccionario de la Real
Academia Española. Si el orden lo entendemos como una situación de normal funcionamiento
de las instituciones públicas y privadas, en la que las personas ejercen
pacíficamente sus derechos y libertades, es evidente que no es posible en
ausencia de leyes o normas en general.
Ahora
bien, si al autor de la pintada lo que no le gusta son las leyes actuales y es
partidario del pensamiento único, es evidente que las normas democráticas (las
leyes) les sobran y la libertad también.
En
mi opinión, no es posible vivir en orden sin leyes pero sí lo es vivir con
leyes y en desorden. Sólo se precisa que los que tienen el deber de imponer las
normas, democráticamente elaboradas, miren para otro lado.
No
conviene caer en la desesperanza y, por ello, acabo con unas hermosas palabras
del profesor Benigno Pendás, referidas a un aprendizaje sencillo y elemental,
que extrajo de los clásicos: “la libertad bajo el imperio de la ley es la única
forma digna de la vida verdaderamente humana”.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)