En los días que antecedieron a la guerra civil y en los primeros del conflicto que marcó la vida española y, en cierta medida la del mundo entero, el ayuntamiento de Puerto Real gestionaba asuntos pendientes de la anterior Corporación y, con una naturalidad que podría sorprendernos, los resolvía.
Por ejemplo, en una sesión plenaria del mes de junio de 1936, un gestor municipal preguntó por la becerra rifada por un carnicero entre sus clientes y se le respondió que se trataría en la próxima sesión; la misma respuesta recibió el gestor al interesarse de nuevo en Pleno de fecha 8 de julio de 1936. Por fin, en la sesión plenaria del día 15 del mismo mes y año, se leyó el informe del secretario municipal al respecto, en el que se proponía dar un plazo de tres días al carnicero para que informara de la persona agraciada y que, de no aparecer, el semoviente pasaría a disposición del municipio para que se le diese el destino benéfico que se acordase. Este fue el último Pleno bajo el gobierno de la II República.
Ya en plena guerra y con un ayuntamiento regido por los sublevados, en la primera sesión de la Gestora municipal se volvió a tratar sobre la novilla rifada. El alcalde informó que había sido valorada en 375 pesetas y, en ausencia de premiado, se acordó facultar al alcalde para que la suma que se obtuviera por su venta fuera destinada a un fin benéfico.
La última mención sobre la vaquilla aparece en el acta de la sesión plenaria de fecha 26 de julio, donde se recogía que por la muerte de la novilla se obtuvieron 413,25 pesetas por los 145 kilos de carne puestos a la venta. De dicha cantidad se dedujo 25 pesetas que, por anterior promesa, se acordó donar a los huérfanos de un vecino.
En medio de la tragedia que vivía la nación española la vida administrativa continuaba su curso, se ocupaba de asuntos “heredados” e incluso se respetaban acuerdos adoptados por “el enemigo”; esperemos que nunca vuelva a suceder algo parecido.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)