Además de las trágicas consecuencias, de todos conocidas, de la pandemia que nos asola, conviene que tratemos sobre otros daños infligidos a la ciudadanía en estos tiempos de dolor y miedo. Me refiero al mundo de la cultura en la capital gaditana cuya concejala Lola Cazalilla, ante la prensa, reitera una y otra vez el desinterés del PP y del PSOE por la cultura; aboga por la no distinción entre “cultura oficial” y “cultura popular” y lamenta los procedimientos lentos y tediosos de la administración que pueden salvarse gracias a un “equipo maravilloso de técnicos”. Piensa, añade, unificar compartimentos, de manera orgánica y transversal y acaba expresando “… no diferencio entre cultura oficial académica y otra popular del folklore sino que entiendo que todo es cultura”.
En
una de las entrevistas, Cazalilla abordó los problemas de las bibliotecas del
Ateneo y de la Real Academia Hispanoamericana. Sin embargo, no mencionó la del
Casino Gaditano que, el pasado 5 de
octubre, aún permanecía cerrada. Se trata de una biblioteca extraordinaria,
donde a la cultura no se le pone apellido, se acepta a todo el mundo y la
atención es excelente. Hablar de transversalidad cuando en Cádiz tenemos
dificultades para disfrutar de todas las bibliotecas, me suena a frivolidad. La
concejala admite su desconocimiento de los procedimientos administrativos
(fundamentales en un Estado de derecho como el español) y, por ese mismo
desconocimiento, halaga a un “equipo maravilloso de técnicos”. En definitiva, les
agradece que le enseñen a gestionar los asuntos públicos que, nunca, deberían
caer en manos de aficionados.
Lo
más preocupante es que este verano la concejala Cazalilla declaró que pensaba
implementar una nueva política cultural. Tratándose de un ayuntamiento
gestionado por Podemos, me ha venido a la memoria la nueva política en materia
de bibliotecas de Lenin, desarrollada por su esposa Nadezna Krúpskaya, que supuso, entre otras cosas, la eliminación
de las bibliotecas de 94 autores, entre ellos, Kant, Descartes, William James,
Schopenhauer… este proceso lo denominó Gorki “un acto de vampirismo
intelectual”.
Finalmente,
le pido a la concejala Cazalilla que se olvide de transversalidades y de “cultura
oficial” y “cultura popular” (lo que ideólogos de Lenin denominaban cultura
burguesa y cultura proletaria) porque, como bien ha admitido, cultura sólo hay
una y, por ello, es necesario que se abran las puertas de todas las biblioteca
gaditanas.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)