domingo, 4 de octubre de 2020

209 La profecía de Tolstoi

En la última novela de Tolstoi, Resurrección (1899) Novodgorov, uno de los personajes, mitad idealista mitad revolucionario despiadado, explicaba y argumentada muy bien sus actuaciones; pero, realmente, escondía una gran ambición. Entendía el escritor y pedagogo Tolstoi que la ausencia de cualidades morales y éticas (que siempre generan dudas), facilitan, sin embargo, el acceso a la dirección de las organizaciones partidarias. Alcanzada la dirección, insiste Tolstoi, nunca vacilaba y tenía la certeza de no equivocarse jamás. En sus relaciones con los demás, o los repelía o los  sometía. No había alternativa posible. Novodgorov se movía entre gente muy joven que confundía su ilimitada seguridad en sí mismo,  con una prueba de sabiduría. De este modo, conseguía el sometimiento y el éxito en los círculos revolucionarios.
Lenin detestaba el retrato de dicho personaje porque quizá se veía reflejado ante un espejo. El político ruso juzgaba a los escritores, con la excepción de Turgunév, por sus tendencias políticas. En el caso de Tolstoi (fallecido en 1910) reconocía que era un “gigante” pero rechazaba su visión del mundo, su misticismo, su pacifismo y su incapacidad para entender el proceso revolucionario ya iniciado en Rusia.
 Aunque muchos opinan que la historia no se repite, a mí lo que me preocupa es, en el proceso prerrevolucionario en el que se encuentra el pueblo español, poder responder a las siguientes preguntas: ¿Dónde está nuestro Tolstoi? ¿Y nuestro Lenin? No es difícil  adivinar quién va ocupar el puesto de Kerenski?


                                 Roque Gómez Jaén (Puerto Real)