lunes, 12 de octubre de 2020

210 Daños colaterales

 Además de las trágicas consecuencias, de todos conocidas, de la pandemia que nos asola, conviene que tratemos sobre otros daños infligidos a la ciudadanía en estos tiempos de dolor y miedo. Me refiero al mundo de la cultura en la capital gaditana cuya concejala Lola Cazalilla, ante la prensa, reitera una y otra vez el desinterés del PP y del PSOE por la cultura; aboga por la no distinción entre “cultura oficial” y “cultura popular” y lamenta los procedimientos lentos y tediosos de la administración que pueden salvarse gracias a un “equipo maravilloso de técnicos”. Piensa, añade, unificar compartimentos, de manera orgánica y transversal y acaba  expresando “… no diferencio entre cultura oficial académica  y otra popular del folklore sino que entiendo que todo es cultura”.

         En una de las entrevistas, Cazalilla abordó los problemas de las bibliotecas del Ateneo y de la Real Academia Hispanoamericana. Sin embargo, no mencionó la del Casino Gaditano que, el pasado 5  de octubre, aún permanecía cerrada. Se trata de una biblioteca extraordinaria, donde a la cultura no se le pone apellido, se acepta a todo el mundo y la atención es excelente. Hablar de transversalidad cuando en Cádiz tenemos dificultades para disfrutar de todas las bibliotecas, me suena a frivolidad. La concejala admite su desconocimiento de los procedimientos administrativos (fundamentales en un Estado de derecho como el español) y, por ese mismo desconocimiento, halaga a un “equipo maravilloso de técnicos”. En definitiva, les agradece que le enseñen a gestionar los asuntos públicos que, nunca, deberían caer en manos de aficionados.

         Lo más preocupante es que este verano la concejala Cazalilla declaró que pensaba implementar una nueva política cultural. Tratándose de un ayuntamiento gestionado por Podemos, me ha venido a la memoria la nueva política en materia de bibliotecas de Lenin, desarrollada por su esposa Nadezna Krúpskaya,  que supuso, entre otras cosas, la eliminación de las bibliotecas de 94 autores, entre ellos, Kant, Descartes, William James, Schopenhauer… este proceso lo denominó Gorki “un acto de vampirismo intelectual”.

         Finalmente, le pido a la concejala Cazalilla que se olvide de transversalidades y de “cultura oficial” y “cultura popular” (lo que ideólogos de Lenin denominaban cultura burguesa y cultura proletaria) porque, como bien ha admitido, cultura sólo hay una y, por ello, es necesario que se abran las puertas de todas las biblioteca gaditanas.

 

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

 

 

 

 

  

 

 

 

 

domingo, 4 de octubre de 2020

209 La profecía de Tolstoi

En la última novela de Tolstoi, Resurrección (1899) Novodgorov, uno de los personajes, mitad idealista mitad revolucionario despiadado, explicaba y argumentada muy bien sus actuaciones; pero, realmente, escondía una gran ambición. Entendía el escritor y pedagogo Tolstoi que la ausencia de cualidades morales y éticas (que siempre generan dudas), facilitan, sin embargo, el acceso a la dirección de las organizaciones partidarias. Alcanzada la dirección, insiste Tolstoi, nunca vacilaba y tenía la certeza de no equivocarse jamás. En sus relaciones con los demás, o los repelía o los  sometía. No había alternativa posible. Novodgorov se movía entre gente muy joven que confundía su ilimitada seguridad en sí mismo,  con una prueba de sabiduría. De este modo, conseguía el sometimiento y el éxito en los círculos revolucionarios.
Lenin detestaba el retrato de dicho personaje porque quizá se veía reflejado ante un espejo. El político ruso juzgaba a los escritores, con la excepción de Turgunév, por sus tendencias políticas. En el caso de Tolstoi (fallecido en 1910) reconocía que era un “gigante” pero rechazaba su visión del mundo, su misticismo, su pacifismo y su incapacidad para entender el proceso revolucionario ya iniciado en Rusia.
 Aunque muchos opinan que la historia no se repite, a mí lo que me preocupa es, en el proceso prerrevolucionario en el que se encuentra el pueblo español, poder responder a las siguientes preguntas: ¿Dónde está nuestro Tolstoi? ¿Y nuestro Lenin? No es difícil  adivinar quién va ocupar el puesto de Kerenski?


                                 Roque Gómez Jaén (Puerto Real)