domingo, 20 de septiembre de 2020

207 La Roldana en Puerto Real

           En mi pueblo en la confluencia de las calles Soledad y Factoría de Matagorda hay una plaza pequeña y muy concurrida, a la que se le ha dado el nombre de Luisa Roldán (“La Roldana”). La ubicación me parece muy acertada porque la escultora a que me refiero es la autora de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.
         Luisa, hija del escultor Pedro Roldán, se formó en el taller de su padre en la Sevilla de la segunda mitad del siglo XVII. La ciudad  sufría una gran crisis económica acompañada de inundaciones y epidemias (la peste bubónica de 1649 se llevó por delante 60.000 personas). Cuando la ciudad se recuperó de las catástrofes, el fervor religioso se incrementó y la situación de los artistas mejoró notablemente.
         Dada la alta mortalidad infantil, Pedro Roldán, que tardó muchos años en tener un hijo varón, consideró necesario formar artísticamente a tres de sus hijas, lo mismo hicieron Valdés Leal y Pedro de Mena. En este ambiente no debe extrañarnos que Luisa Roldán, pese a la oposición de su padre, se casara con el también escultor Luis Antonio de los Arcos. La vinculación de Luisa y Luis Antonio con Cádiz, que vivía un tiempo de esplendor, comienza en 1684 momento en el que la familia Roldán mantenía su residencia en Sevilla aunque cada vez recibía más encargos de la capital gaditana.
         En estas circunstancias, Luisa Roldán y su marido donaron la imagen de la Soledad al monasterio puertorrealeño de la  Victoria. En la iglesia del mismo nombre podemos contemplarla junto a otra obra de Luisa: un san Francisco de Paula  de tamaño natural.
La vinculación afectiva del matrimonio con Puerto Real parece duradera porque cuando Luis Antonio falleció en 1711 (sobrevivió a su mujer cinco años) dispuso en su testamento que sus hijos llevaran, a la capilla de Puerto Real a la que su esposa y él habían donado en 1688 la Virgen de la Soledad, un fragmento del Lignum Crucis que le pertenecía.
         Cercanos a Puerto Real, podemos admirar obras de Luisa Roldán en Cádiz: el Ecce Homo,  San Servando y San German todos en la catedral, San Antonio de Padua con el Niño, en la iglesia de Santa Cruz y el San Juan Bautista y San José con el Niño ambos en la iglesia de San Antonio; además, en Sanlúcar de Barrameda  el San Francisco de Asís del convento de Regina Coeli.
         Las escultoras de alto nivel en España son escasas; ahora, desaparecidos antiguos prejuicios,  imagineras como la sevillana Lourdes Hernández Peña, autora de la Santa Beatriz de Silva de la catedral de Ceuta, pueden mostrar sus capacidades artísticas en igualdad de condiciones que sus compañeros escultores.  Luisa  Roldán no pudo hacerlo.

                                             Roque Gómez Jaén (Puerto Real)