sábado, 26 de octubre de 2019

166 Admiración y vergüenza

Mi admiración para Paula la catalana que, ante las cámaras de televisión, en pocos minutos dio una lección sobre lo que ocurre en Cataluña a políticos ignorantes. Al mismo tiempo reclamó la solidaridad del conjunto de españoles porque, indudablemente, no la percibe. En lo que a mí  respecta, le pido perdón por la parte que me corresponda.
Vergüenza porque en Cádiz haya habido manifestantes partidarios de las tesis de los separatistas. Mucha vergüenza sentiría también Ricardo Cano que en un poema suyo dedicado a Cádiz, publicado hace más de cien años en el “Diario”, expresaba:
Dos veces en la Historia diste vida
a la nación anonadada,
una en su independencia amenazada;
otra en su libertad escarnecida.

         La vergüenza que siento por la ignorancia culpable de algunos políticos, requiere más espacio; espero que la gentileza del “Diario” hacia los que expresamos nuestras ideas en libertad, me lo conceda en una próxima ocasión. Aquellos compatriotas nuestros que  en Cataluña no pueden ejercer sus derechos,  merecen que los tengamos siempre en nuestros pensamientos. Debemos, además,  recordar que el separatismo lleva enquistado en Cataluña más de cien años y, ahora, sólo nos muestra su verdadero rostro. En mi opinión,  Karl Popper acertó de lleno al expresar que la tolerancia no debe practicarse con los intolerantes. Un pensamiento tan lúcido como el suyo, se echa en falta en estos trágicos momentos para nuestro país.
                                               
                                        Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

sábado, 19 de octubre de 2019

165 Orden sin ley

No me gusta que el ornato de las ciudades  incluya pintadas de dudoso gusto; sin embargo, sí me interesan las expresiones escritas en las paredes porque perduran y pueden ayudarnos a comprender la situación en la que vivimos.
Hace unos días me llamó la atención un letrero que decía: Orden sin ley. Mire usted por donde, tanto orden como ley son términos polisémicos como se puede comprobar en el diccionario de la Real Academia Española. Si el orden lo entendemos como una situación de normal funcionamiento de las instituciones públicas y privadas, en la que las personas ejercen pacíficamente sus derechos y libertades, es evidente que no es posible en ausencia de leyes o normas en general.
Ahora bien, si al autor de la pintada lo que no le gusta son las leyes actuales y es partidario del pensamiento único, es evidente que las normas democráticas (las leyes) les sobran y la libertad también.
         En mi opinión, no es posible vivir en orden sin leyes pero sí lo es vivir con leyes y en desorden. Sólo se precisa que los que tienen el deber de imponer las normas, democráticamente elaboradas, miren para otro lado.
No conviene caer en la desesperanza y, por ello, acabo con unas hermosas palabras del profesor Benigno Pendás, referidas a un aprendizaje sencillo y elemental, que extrajo de los clásicos: “la libertad bajo el imperio de la ley es la única forma digna de la vida verdaderamente humana”.

                                                  Roque Gómez Jaén (Puerto Real)






sábado, 12 de octubre de 2019

164 El periodismo mata el libro lentamente


De este modo tan llamativo se expresaba Patrocinio de Biedma, una mujer formidable, en el número 1 de la revista Cádiz, de letras, ciencias y arte, en el muy lejano 1877.
Hoy nos extrañaría que una persona que ejercía el periodismo y era propietaria de la revista nombrada, se manifestara así. Patrocinio pensaba que el desarrollo del periodismo ponía en peligro la difusión de la cultura a través del libro. Sagazmente, creía que en la misma prensa estaba la solución del problema; se trataba de llevar la literatura en pequeñas dosis al periódico, y así lo escribía: “Hay que desleír el libro en el periódico”. Para atraer al lector, ponía como condición que los asuntos tratados fueran importantes, variados y bellos. Debería evitarse la materialidad grosera y el intelectualismo exagerado. Se pretendía  elevar el gusto del pueblo y los periódicos literarios como el que ella presentaba, serían de gran utilidad para alcanzar dicho objetivo.
Patrocinio era consciente que la mayoría de las revistas de esta índole se publicaban en Madrid y, por ello, se marca como meta no dejar que la capital los absorbiese sino que, por el contrario, los artistas ubicados en Madrid colaboren con ella y, al mismo tiempo: “darles a conocer los esclarecidos escritores que, sin duda por indolencia del carácter meridional, se olvidan ellos mismos de su valor, y vegetan en provincias, tal ha sido la idea que nos ha guiado al fundar esta revista”.
Pasados los años, los periódicos no hacen peligrar los libros sino que, por el contrario,  conviven en armonía. El problema actual es, con independencia del formato empleado, la permanencia de la prensa escrita y de su capacidad para analizar la realidad. Se trata, en definitiva, de un periodismo meditado, no vociferante, del que  España, acosada en diversos frentes, está muy necesitada.

                                         Roque Gómez Jaén (Puerto Real)