Con la expresión
que titula esta carta nos referimos, generalmente, a personas insistentes,
tercas u obcecadas. Paco Martínez Soria los retrató magníficamente en la
película Don erre que erre. Generalmente,
se trata de individuos poco apreciados por sus compañeros y, menos aún, por sus
jefes porque, en su persistencia, en no pocas ocasiones, ponen al descubierto
carencias e ineficiencias.
En esta carta
quiero abandonar el carácter peyorativo de la expresión y referirme a personas
muy tenaces que, tanto en el ámbito político como en el administrativo, acaban
consiguiendo su propósito siempre ligado al interés general. En este ámbito,
recuerdo al concejal del ayuntamiento de Puerto Real Antonio Moreno García que,
en los primeros años de la Transición, alertó una y otra vez del riesgo que
suponía el tránsito de vehículos con material inflamable por la carretera
nacional a su paso por Puerto Real.
Con buen
criterio, auguraba que de explotar uno de dichos vehículos volaría medio
pueblo. Consiguió que el pleno municipal asumiera sus propuestas y que fueran
elevadas al Ministerio de Obras Públicas.
Con su actitud,
obtuvo la respuesta de técnicos y políticos. El proyecto necesario estaba
elaborado pero, como en tantas ocasiones, no había financiación. Ante la falta
de respuesta, se solicitó audiencia al gobernador civil para exponerle
detalladamente la situación. La solución tardó en llegar y la tragedia del
camping de “Los Alfaques” (11.07.1978) con casi 250 fallecidos y 300 heridos
graves, nos hizo ver que las propuestas de nuestro concejal no eran fruto del
protagonismo ni de la frivolidad. La tragedia ya mencionada, tuvo su origen en
la sobrecarga del camión-cisterna y, como consecuencia, las empresas implicadas tuvieron que
indemnizar a los afectados con más de 2.200 millones de pesetas.
Sólo me queda
manifestar que la prevención salva vidas y, por ello, muestro mi agradecimiento
a las personas que en esos años se empeñaron en reducir los riesgos para
los vecinos de Puerto Real.
Roque
Gómez Jaén (Puerto
Real)