El
pasado 11 de septiembre, aniversario de una fecha que no podemos olvidar, me
fijé en los bolardos situados en la plaza del Palillero que forman dos filas
con tres elementos cada una de ellas.
En
la primera, la más cercana a la parada de taxis de la zona, la distancia entre
los tres bolardos era de aproximadamente metro y medio y cinco metros
respectivamente. La segunda fila dividía
el espacio en dos partes iguales.
Con
la disposición que describo, un coche de no mucho porte podría circular sin
dificultad entre las dos hileras de bolardos y continuar su marcha en dirección
a la calle Ancha.
En
torno al mediodía, en la plaza
mencionada, entre personas sentadas y transeúntes había un total de veintiuna.
En la Red, pude comprobar que, a distintas horas del día, esa ocupación era
habitual.
Con
la disposición de los bolardos y el número de personas afectadas, la protección que se puede deducir se me
antoja insuficiente. Parece que nos hemos olvidamos que estamos en el nivel 4
reforzado de alerta antiterrorista y, en mi opinión, todos los ciudadanos
debemos colaborar para no facilitar a un enemigo invisible e implacable su
siniestra tarea.
Creo
que los bolardos de la zona a que me refiero deben disponerse de modo que
dificulten el acceso de coches y motocicletas. La seguridad, siempre vulnerable,
es un asunto que a todos nos afecta y debemos aprender a compaginar la
protección de personas y bienes con el ejercicio de nuestras libertades.
Roque
Gómez Jaén (Puerto Real)
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