martes, 16 de octubre de 2018

114 Políticos audaces


Durante la Transición española, período de nuestra historia denostado por recién llegados plenos de arrogancia ideológica y desmemoria histórica, Adolfo Suárez se ganó la consideración de político audaz y así lo han expresado biógrafos suyos como Luis Herrero, Gregorio Morán o Carlos Abella. Desde luego, hace falta ser audaz para el día 3 de  julio de 1975 al despedirse de la Secretaría General del Movimiento expresara: “Queremos democracia que es participación del pueblo y la queremos en todos los ámbitos de la nación…”. O cuando en el mismo mes, en presencia de Franco, dijera que el pluralismo político será inevitable cuando se cumplan las previsiones sucesorias (eufemismo para no nombrar la muerte del dictador en su presencia). Cuando Franco le pidió explicaciones, le reiteró que cuando faltara el deseo de futuro democrático sería imparable.
Cuarenta años más tarde, la audacia de nuestros jóvenes políticos, se resume en sacar el cadáver de Franco del Valle de los Caídos o tirar la gran cruz del mismo lugar. Evidentemente, nada equiparable con la osadía de Suárez.
En mi opinión no necesitamos políticos audaces, porque como decía Ortega: “la audacia es en un cincuenta por ciento inconsciencia y sonambulismo”, sino prudentes que no es lo mismo que cobardes.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)

domingo, 7 de octubre de 2018

113 Bolardos céntricos



El pasado 11 de septiembre, aniversario de una fecha que no podemos olvidar, me fijé en los bolardos situados en la plaza del Palillero que forman dos filas con tres elementos cada una de ellas.
En la primera, la más cercana a la parada de taxis de la zona, la distancia entre los tres bolardos era de aproximadamente metro y medio y cinco metros respectivamente. La segunda fila  dividía el espacio en dos partes iguales.
Con la disposición que describo, un coche de no mucho porte podría circular sin dificultad entre las dos hileras de bolardos y continuar su marcha en dirección a la calle Ancha.
En torno al mediodía, en  la plaza mencionada, entre personas sentadas y transeúntes había un total de veintiuna. En la Red, pude comprobar que, a distintas horas del día, esa ocupación era habitual.
         Con la disposición de los bolardos y el número de personas afectadas,  la protección que se puede deducir se me antoja insuficiente. Parece que nos hemos olvidamos que estamos en el nivel 4 reforzado de alerta antiterrorista y, en mi opinión, todos los ciudadanos debemos colaborar para no facilitar a un enemigo invisible e implacable su siniestra tarea.
Creo que los bolardos de la zona a que me refiero deben disponerse de modo que dificulten el acceso de coches y motocicletas. La seguridad, siempre vulnerable, es un asunto que a todos nos afecta y debemos aprender a compaginar la protección de personas y bienes con el ejercicio de nuestras libertades.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)



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jueves, 4 de octubre de 2018

112 La inspección educativa en 1918



En la primera página del Diario de fecha 16 de julio de 1917, aparece una reseña titulada Visita de inspección;  en la misma, se comenta que el inspector de la  zona de Algeciras lleva días girando visita ordinaria a las escuelas nacionales de dicha ciudad,  después del detenido y minucioso examen hecho de todas y de cada una de las asignaturas. El autor aprecia en el inspector dotes especiales para el desempeño de la difícil misión que le está encomendada.
 Posteriormente, se informa que el 8 de julio se convocó a los maestros a una reunión en la sala de sesiones del ayuntamiento algecireño en la que, con su proverbial galanura de lenguaje, el inspector deleitó a los asistentes y, en brillantes conceptos, desarrolló las distintas materias con verdadero carácter didáctico. Se reconoce a una persona entregada al estudio de la ciencia pedagógica y, recogiendo las lecciones de la experiencia, dirige al maestro por el sendero del arte de educar.
Finalmente, el autor de la reseña, afirma que la zona de Algeciras está de enhorabuena por tener como inspector de Primera Enseñanza a un joven competente, y los maestros por su jefe.
La verdad, es que empezaba a sentir envidia sana del inspector por la buena impresión que había producido en el redactor de la reseña. Dicho sentimiento se me oscureció un poco cuando comprobé que el firmante era un maestro nacional de Tarifa.

Roque Gómez Jaén (Puerto Real)