El dolor de una niña
Siempre he oído que en la guerra se pone de manifiesto lo mejor y lo peor del ser humano; no lo dudo, pero preferiría no tener que comprobarlo.
Hace unos días Esther, mi nieta de cinco años, explicó a sus compañeros de clase lo que era la guerra de Ucrania. Días después me comentó mi hija, su madre, que una tarde vieron llorar a Esther sin saber el motivo, le preguntaron la razón y les dijo a sus padres que no quería que hubiera guerra.
Esther manifestaba su compasión por otros niños que sufrían y ella los había visto en televisión; lo expresaba ingenuamente, no la movía ningún interés y no entendía nada. Yo mucho mayor que ella y, lamentablemente, sin su ingenuidad tampoco lo entiendo.
Los niños de la edad de Esther en sus cortas vidas, han sufrido las consecuencias de una pandemia que se prolonga en el tiempo, por la impiedad de algunos; ahora se encuentran sumergidos en la peor de las pandemias: la guerra, o lo que es lo mismo la maldad a gran escala. Lo peor de todo es que también tiene vacuna y se llama ONU; la pena es que lleva ensayándose unas cuantas decenas de años-
Todos deberíamos buscar la paz y nosotros, los mayores, podríamos hacer como los abuelos romanos: plantar árboles para nuestros nietos.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)-