Los jóvenes europeos, alfabetizados históricamente, suelen acudir a lugares donde los nazis cometieron atrocidades: campos de concentración de Auschwitz; Mauthausen y otros menos conocidos como el de Terezín. Al llegar, lo primero que veían los prisioneros era el lema: “Arbeit macht frei” que podría traducirse como “El trabajo os hará libre”. Los campos nazis son muy visitados, por razones obvias, por jóvenes alemanes. Deberíamos hacer lo mismo con lugares tales como la sede de la Checa, conocida popularmente como “Lubianka”, porque se ubicaba en dicha calle. En ella, el terror rojo se llevó por delante a millares de personas. Muchas de ellas, comunistas renombrados. La foto muestra el edificio moscovita ampliado que, según afirma el biógrafo de Lenin Víctor Sebestyen, antes había sido la sede de la Compañía Aseguradora de Rusia (verdadero humor negro). Fue elegido por Dzerzhinski (primer director de la Checa) por sus enormes sótanos que impedían que los ruidos llegaran a la superficie. La cautela ya nos dice claramente el uso que se pensaba dar al organismo recién creado. Me parece que visitar zonas como las citadas, constituye una verdadera vacuna contra toda clase de totalitarismo.
Roque Gómez Jaén (Puerto Real)